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mayo 26, 2014

De Bello Gallico. Libro I. Guerra de Helvecios y Ariovisto (I)

I. La Galia (1) está dividida en tres partes: una que habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que en su lengua se llaman celtas y en la nuestra galos. Todos estos se diferencian entre sí en lenguaje, costumbres y leyes. A los galos separa de los aquitanos el río Carona, de los belgas el Marne y Sena. Los más valientes de todos son los belgas, porque viven muy remotos del fausto y delicadeza de nuestra provincia; y rarísima vez llegan allá los mercaderes con cosas a propósito para enflaquecer los bríos; y por estar vecinos a los germanos, que moran a la otra parte del Rin, con quienes traen continua guerra. Ésta es también la causa porque los helvecios (2) se aventajan en valor a los otros galos, pues casi todos los días vienen a las manos con los germanos, ya cubriendo sus propias fronteras, ya invadiendo las ajenas. La parte que hemos dicho ocupan los galos comienza del río Ródano, confina con el Carona, el Océano y el país de los belgas; por el de los secuanos (3) y helvecios toca en el Rin, inclinándose al Norte. Los belgas toman su principio de los últimos límites de la Galia, dilatándose hasta el Bajo Rin, mirando al Septentrión y al Oriente. La Aquitania entre Poniente y Norte por el río Carona se extiende hasta los montes Pirineos, y aquella parte del Océano que baña a España.





Notas.
(1) César no Incluye en esta división el país de los alóbroges, ni a la Galia Narbonense, que formaban ya parte de la provincia romana.
(2) Los suizos, llamados entonces helvecios, estaban ya comprendidos en la Galia, a la cual limitaba el Rin por este lado.
(3) El país ocupado por los secuanos corresponde al Franco Condado.

agosto 12, 2013

Efemérides12 Agosto

Un día como hoy, pero del 30 aC muere Cleopatra Filopator Nea Theao Cleopatra VV, quien fuese la última reina del Antiguo Egipto y de la dinastía ptolemaica, también llamada Lágida, fundada por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno. Fue la última del llamado Periodo helenístico de Egipto.


Busto en mármol de Cleopatra VII de Egipto, 30-40 aC (Fuente: Wikipedia.com)

Tras la batalla naval de Actio (2 de septiembre del 31 aC), en la que Cleopatra y Marcus Antonius perdieron, Caius Octavius Turinus, el 30 de julio del año 30, entraba con facilidad en Alejandría. A continuación, Marcus Antonius, engañado por un falso informe sobre la muerte de Cleopatra, se suicidó dejándose caer sobre su propia espada.

Los planes de Caius Octavius Turinus consistían en tomar a la reina como prisionera y exhibirla en Roma durante la tradicional ceremonia conocida como Triunfo, simbolizando con ello la superioridad y la victoria sobre la humillada enemiga a la que el pueblo de Roma tanto odiaba. Esto aumentaría más si cabe su respaldo popular e impulsaría decisivamente sus aspiraciones políticas.

Cleopatra se percató del final que la esperaba tras entrevistarse con Octavius, un hombre frío y calculador que a diferencia de Gaius Iulius Caesar y Marcus Antonius no podría seducir o sugestionar de ningún modo. Viendo pues su futuro como esclava, tal vez en el reino del que había sido soberana (convertido ahora en la provincia romana de Egipto), Cleopatra eligió morir y tomó la decisión de suicidarse. Según la versión más extendida, pidió a sus criadas Iras y Charmion que le trajeran una cesta con frutas y que metieran dentro una cobra egipcia (el famoso áspid), responsable de su muerte. Otras versiones relatan que se quitó la vida al conocer el suicidio de su esposo. Antes de fallecer escribió una misiva a Octavius en la que le comunicaba su deseo de ser enterrada junto a Marcus Antonius, y así se hizo. Se desconoce el lugar de su sepultura.

La Muerte de Cleopatra por Reginald Arthur.

abril 12, 2013

Ceriales

Hoy comenzaban las Ceriales, fiestas en honor a la diosa Ceres en las que se agradecía por la invención de la agricultura.

File:Diosa Ceres siglo I d.C .jpg
Diosa Ceres, estatua sedente realizada en mármol hacia el siglo I d.C. Se encuentra en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, España. Existe una copia en la fachada del Teatro Romano de la misma ciudad (Wikipedia.com)

Mitología.


En la cultura latina, Ceres es la diosa de la tierra y de la agricultura, una de las divinidades más importantes del panteón griego y romano. Enseñó a los hombres el arte de cultivar la tierra, de sembrar, recoger el trigo y elaborar pan, lo que hizo que fuese considerada diosa de la agricultura.

Ceres era hija de Saturno y Ops, hermana de Júpiter, madre de Proserpina y hermana de Juno, Vesta, Neptuno y Plutón. Su hermano Júpiter, prendado de su belleza, engendró con ella a Proserpina (asimilada a Perséfone en la mitología griega). También Neptuno se enamoró de ella, y para escapar de éste Ceres se transformó en yegua, pero el dios se dio cuenta y se transformó a su vez en caballo, siendo así Ceres madre del caballo Arión.

Se le recuerda sobre todo en el episodio del rapto de su hija Proserpina por el dios de los infiernos, Plutón, en que se convirtió en su esposa. Después de haberla buscado incansablemente, Ceres conoce por medio del Sol la verdad. Ceres se llevó tal disgusto con la desaparición de su hija que descuidó la tierra y todas las plantas se secaron.  Intervino Zeus en el asunto y obligó a su hermano Hades a que devolviese a Proserpina al mundo exterior. Hades aceptó, pero antes quiso que Proserpina comiera un grano de granada, el alimento de los muertos. Al comer aquello se vio obligada a regresar cada año. Durante la larga búsqueda de su hija, Ceres se detiene a descansar en las proximidades de una casa y una anciana le ofrece de beber. Para aliviar la sed, la diosa bebe con una gran avidez, por lo cual el hijo de la anciana, Ascábalo, se ríe de ella, acusándola de avidez. En relación con este episodio, la diosa se representa a la entrada de una casa con una copa en la mano mientras el niño la señala riendo. Cuando Proserpina salía al mundo exterior, la tierra sonreía y florecía, renacían las plantas, los cereales y las flores. En otras palabras, llegaba la primavera. Pero Proserpina tenía que regresar de nuevo al lado de Hades y otra vez la tierra se veía desolada con la muerte de la vegetación, llegaba el invierno, que no era otra cosa que la manifestación anual del dolor de Ceres al perder a su hija.


Culto.

Los romanos adoptaron a Ceres en 496 a. C. durante una devastadora hambruna, cuando los Libros Sibilinos aconsejaron la adopción de su equivalente griega Deméter, junto con Perséfone y Yaco (mediador entre las diosas eleusinas y Dioniso). Ceres era personificada y honrada por las mujeres con rituales secretos en las fiestas de Ambarvalia, celebradas en mayo con procesiones en las que las romanas vestían el blanco propio de los hombres, quienes eran simples espectadores. Se creía que estas fiestas, para agradar a la diosa, no debían ser celebradas por gente de luto, razón por la que no se celebraron el año de la batalla de Cannas.

El culto a Ceres pasó a estar especialmente relacionado con las clases plebeyas, que dominaban el comercio de grano. Se sabe poco de los rituales de este culto, siendo una de las pocas costumbres que fueron registradas la peculiar práctica de atar ascuas ardiendo a las colas de zorros que entonces se soltaban en el Circo Máximo. Los habitantes de Sicilia, vecinos del volcán Etna, conmemoraban anualmente la salida de Ceres a sus largos viajes corriendo por la noche con antorchas encendidas y dando grandes gritos.

http://soriaymasnoticias.files.wordpress.com/2011/04/magnamaterquintanares1.jpg
Diosa Ceres en Los Quintanares de Rioseco de Soria (Soriaymásnoticias.wordpress.com)

Así que saquen la leche, la miel y el vino y ofrezcanselos a Ceres!! 



abril 10, 2013

Megalenses Ludi

Un día como hoy 10 de abril acababan las Megalenses, con una procesión en honor a varios dioses en torno al Circo Máximo. Después se hacían carreras (tomado de @Antigua_Roma).



El festival Megalesia a Magna Mater comenzaba el 4 de abril, aniversario de la llegada de la gran madre de los dioses a Roma. El 10 de abril, aniversario de la consagración de su templo en el Palatino, su imagen era llevada en procesión hasta el Circo Máximo, donde se realizaban carreras en su honor. La estructura del festival no está claro, pero incluía una procesión pública y la ejecución pública de obras de teatro y otros entretenimientos basados ​​en temas religiosos. El festival incluyó carreras de carros en el Circo Máximo, cuya barrera divisoria central tenía una estatua de Magna Mater sentada a lomos de un león. Fue copiado probablemente de un original griego, la misma aparece en el Altar de Pérgamo.

Altar de Pérgamo, descubierto en 1871 por el ingeniero alemán Carl Humann, transportado y reconstruido en Berlín en 1886.
 
La estatua de Cibeles fue llevada a Roma desde Pesino (204 aC), y el día de su llegada fue solemnizado con una procesión magnífica, lectisternia y juegos, y mucha gente llevó regalos a la diosa en el Capitolio. La celebración habitual del Megalesia, sin embargo, no comenzó sino hasta doce años después (191 aC), cuando se termino de construir el templo que había sido prometido en el año 203 aC, por Marcus Junius Brutus. Sin embargo, parece que ya se celebraba en el 193 aC.

La fiesta se prolongaba durante seis días, a partir del 4 de abril. El ambiente de este festival, como el de todo el mes, estaba lleno de regocijo y festejos. Era habitual que los romanos ricos para esta ocasión se invitarán a comidas formales y los hábitos extravagantes y la buena vida durante estos días festivos se llevaron probablemente a un nivel muy alto. Por esa razón, el Senado emitió un decreto en 161 aC que estipulaba que no se debe ir más allá de un cierto punto de los gastos.

Los juegos que se celebraban en el Megalesia eran puramente escénicos y no circenses. Originalmente se celebraba frente al tempo de la diosa, en en el Palatino, pero después también se celebró en los teatros. El primer juego escénico en Roma fue presentado durante la Megalesia, es decir, ya sea en 193 o 191 aC., según Valerius Antias. El día tercer día del festival fue dedicado especialmente para la realización de las obras escénicas. A los esclavos no se les permitía asistir a los juegos, y los magistrados aparecían vestidos con una toga púrpura y la praetexta, de ahí la procedencia del proverbio, púrpura Megalensis. Los juegos estaban bajo la supervisión de los ediles curules, y se sabe que cuatro de las obras existentes de Terence se realizaron en el Megalesia. Cicerón describe los partidos de la Megalesia como los juegos más rudos y sangrientos del circo, los llamaba "maxime Casti, Solesmes, religiosi".
(tomado y traducido de Wikipedia.org)

File:Cybele Getty Villa 57.AA.19.jpg
Cibeles con sus atributos tradicionales (cuerno de la abundancia, el león y la corona en forma de murallas de la ciudad). El rostro es un retrato individualizado de una mujer romana, probablemente de alto estatus. Mármol romano, ca. 50 dC.




enero 18, 2011

La policía italiana asegura haber descubierto la tumba de Calígula

Nota periodística aparecida en el diario español El Pais.com, aunque el escepticismo siempre aparece en este tipo de noticias rimbombantes.

Busto de Cayo Calígula en el Museo del Louvre, París (tomado de wikipedia.org)

El anuncio provoca un gran escepticismo entre los estudiosos

La tumba de Calígula, el emperador romano que es sinónimo de todo lo insano y depravado y que en la imagen popular de decadencia y amoralidad romanas está sólo un peldaño por debajo de Nerón, habría sido encontrada cerca del lago Nemi, 30 kilómetros al sur de Roma. El anuncio lo ha hecho la policía italiana y se ha hecho eco de él profusamente la prensa internacional. Los especialistas, sin embargo, alzan la ceja y muestran en general gran escepticismo.

El hallazgo se habría producido tras la detención de un hombre que trataba de sacar de contrabando una estatua de 2,5 metros de altura del emperador. El individuo fue detenido junto al lago cuando cargaba un trozo de la escultura en un camión. Además de la villa, Calígula poseía un templo y un palacio flotantes, cuyos restos fueron recuperados en tiempos de Mussolini, aunque destruidos durante la II Guerra mundial. La escultura, que calza botas militares -las caligae de las que deriva el apodo del emperador, Calígula, "botitas", porque las usaba de niño (en realidad se llamaba Cayo Julio César Augusto Germánico)- es de un poco común mármol griego y el césar está sentado en un trono y ataviado con vestiduras de dios. Interrogado, el ladrón condujo a la policía hasta el sitio de procedencia de la estatua. La excavación del lugar iba a empezar hoy.

La historia sin duda es estupenda. Pocos césares romanos hay más (im) populares que Calígula (12 después de Cristo - 41 d. C). Suetonio dejó un retrato terrible de él: caprichosamente cruel y lunático, se lió con su propia hermana Julia Drusila, se disfrazaba de Venus y humilló y aterrorizó a los senadores. Puso a las legiones a recoger conchas y celebró con ellas un triunfo sobre el mar, entre otras excentricidades. Fue novelado por Robert Graves (lo interpretó luego John Hurt en la producción de la BBC de su novela Yo, Claudio -su tío y su-su-sucesor-), llevado al teatro por Camus y erotizado hasta el porno por Penthouse en la película de Tinto Brass con Malcom McDowell.

El actor John Hurt como Calígula en Yo, Claudio.
El actor Malcom McDowell interpretando a Calígula en 1979.
Hallazgos más sorprendentes se han producido en la historia de la arqueología, pero todo invita a la máxima prudencia. Los estudiosos, como la historiadora británica Mary Beard, autora de aclamados libros sobre Pompeya y El triunfo romano, no están nada convencidos de que se haya localizado tal cosa como "la tumba perdida de Calígula", pese a lo bien que suena. De entrada, las fuentes nos dicen que el emperador loco fue asesinado por los pretorianos en su palacio en el Palatino, en Roma. Beard recuerda que según Suetonio, su cadáver fue llevado a los Horti Lamiani, lugar de unos jardines imperiales en el Esquilino, y luego rápidamente incinerado y sepultado bajo una capa de césped. Más tarde fue vuelto a quemar y enterrado con propiedad, pero no hay ninguna evidencia de que lo fuera en Nemi ni de que se construyera una gran tumba. La estudiosa considera inconcebible que el símbolo asesinado de la monstruosidad imperial -con lo que les costó librarse de él- hubiera tenido un gran monumento y además con una gran estatua. Probablemente, las cenizas de Calígula estén en una sepultura modesta en los Horti Lamiani o como piensan algunos en el Mausoleo de Augusto, con muchos otros miembros de la familia imperial.

Notas de otros medios de comunicación:
Caracol.com
Noticiero diario.com.ar
Newser.com

enero 06, 2011

De Bello Gallico (II)





   Manuscrito del siglo XIX (tomado de livius.org)

El relato

Los Comentarios a la guerra de las Galias no son una obra de carácter autobiográfico, ni tampoco unas memorias. Cæsar se presenta como el procónsul capaz de cumplir con su deber, respetuoso con el Senado y la legalidad republicana. Necesitaba demostrar que había actuado en todo momento conforme a la voluntad del Senado. Así, oculto tras la aparente objetividad de un memorándum militar, Cæsar forja su leyenda: su resistencia física, su capacidad para adaptarse a los rigores de la guerra, su camaradería, sus dotes conjugando a la perfección audacia y reflexión, sus habilidades diplomáticas, le permiten, en definitiva, conformar la imagen de un líder carismático e irresistible. ¿Ahora bien, quiere decir esto que la obra de Cæsar es poco menos que un folleto propagandístico, una sarta de falsedades? Algunos autores, así lo creen, pero el magistral estudio de Rambaud sobre los procedimientos de deformación histórica empleados por Cæsar ha puesto las cosas en su sitio: deformar la verdad no es mentir, sino presentar los hechos de una forma ventajosa. Es lo que hacen los abogados y lo que enseña la retórica: la narratio debe operar según el principio de lo verisimilis, presentando los hechos “tal y como han pasado o tal como han podido pasar”. En Roma, la historia no era más que un opus oratorium maxime, en palabras de Cicero. Cæsar ha recurrido a una gran variedad de expedientes que Rambaud recoge: opera una cuidadosa selección de las cuestiones que va a tratar; silencio u omite elementos desfavorables; utiliza técnicas de exageración y de atenuación; recurre a las causas psicológicas y morales para justificar derrotas y fracasos; se muestra especialmente generosos en elogios hacia ciertos adversarios para poner de relieve sus propios éxitos; utiliza las digresiones para dar apariencia de objetividad, so capa de satisfacer la curiosidad de los lectores por lo exótico; manipula la concepción del tiempo y del espacio; deniega ciertas responsabilidades, y se atribuye otras que no le corresponden… Otros procedimientos son más técnicos: el nombre “Cæsar ” se repite constantemente, hasta el punto de hacer de él un deus ex machina; cuando las cosas salen mal, el uso recurrente del pronombre le permite evadir toda responsabilidad; las subordinadas, especialmente las concesivas, sirven, por el contrario, para poner de relieve su constancia y perseverancia; coloca los elementos en las oraciones de tal forma que el lector llegue convencido al final de la frase; las repeticiones hacen que pasen por evidentes afirmaciones no probadas (como la celeritas de Cæsar). Para Martin: “De estas razones largamente explicadas en sus informes periódicos al Senado ha nacido la idea y la base del Bellum Gallicum, compendio justificativo de la acción de Cæsar en el momento en que éste pensaba volver finalmente a las actividades cívicas, a su carrera política.”

Redacción y Publicación


Hay dos líneas de pensamiento contrapuestas en este punto. Por un lado, están los autores que sostienen que la obra ha sido redactada en varias fases, bien al final de cada campaña (Reinach, Étienne), bien en diferentes momentos a lo largo de la guerra (Radin, Carcopino). Por otro lado, los que piensan que Cæsar ha compuesto la totalidad de la obra de una vez (Mommsen, Jullian, Rambaud, Martin, Cizek). Argumentan los segundos que Cæsar pudo adelantar de manera notable este trabajo gracias a su rica documentación. Así, lo único que habría precisado una redacción de última hora serían las partes literarias. En cuanto al momento de la redacción, si se acepta que ésta es única, parece que la fecha más aceptable es el invierno del 52-51 a.C. Según Rambaud, Cæsar ha compuesto la obra en Bibracte, poco antes de bajar a la Cisalpina para preparar su regreso: “Hay que imaginarse a Cæsar en el largo, gris y frío invierno nórdico, en Bibracte, dictando los Comentarios a sus escribas, inclinados sobre la luz amarillenta de las lámparas de aceite, con voz firme y nerviosa, a medida que se le iban pasando los informes que previamente había hecho ajustar a un modelo, ordenados según su plan de conjunto.” La obra habría sido publicada en los primeros meses del año 51. En la guerra que se avecinaba, Cæsar sabía que era muy importante ganarse a la opinión pública, sobre todo a la que tiene influencia, peso político y cultura suficiente para leer y apreciar lo que lee: los senadores, los caballeros, los ciudadanos de las clases censitarias superiores… los que tienen voto, en suma, los boni viri de Cicero. Queda pendiente, por otro lado, la cuestión del libro VIII. Queda claro que Cæsar no tuvo tiempo material de elaborarlo y, aunque recientemente un investigador de la talla de Canfora ha negado enfáticamente que Aulus Hirtius fuese su autor, la mayoría de los estudiosos se inclinan por atribuirle a él su composición. A instancias de su amigo Lucio Cornelius Balbus Maior, Aulus Hirtius ha acometido la redacción de este libro, insertándolo a modo de eslabón entre el séptimo de los dedicados a la guerra de las Galias y el primero del Bellum Civile.

Representación artística de Bribacte, capital del pueblo celta Eduos (tomado de ancient-celts.com)

El género

Es muy posible que Cæsar haya intentado conformar una serie única de commentarii, que llevaría por título general el de C. Iulii Caesaris commentarii rerum gestarum, con un subtítulo Bellum Gallicum para la obra que nos ocupa. La elección del término commentarii es reveladora: nos dice que nuestro autor no ha pretendido, en modo alguno, componer una obra de historiografía, por más que presente no pocos puntos de contacto con ésta. El commentarius, en términos literarios, es una recopilación de material en la que su autor pone de relieve los hechos y acciones más importantes de su vida a fin de ofrecer a eventuales y posteriores historiadores los elementos sobre los cuales se podrán apoyar para componer una obra propiamente histórica. Dicho de otro modo, el autor de commentarii se propone prevenir cualquier interpretación despectiva de su obra aleccionando a los historiadores futuros sobre “su” verdad. Que Cæsar no pretende escribir una obra histórica lo prueban evidencias tales como la ausencia de un prefacio y de una conclusión, la renuncia a proporcionar información retrospectiva que permita contextualizar el relato, la desaparición del autor o la nula presencia de los ornamentos del discurso. Es posible que con el paso del tiempo, conforme avanzaba la redacción, Cæsar se haya vuelto más ambicioso, intentado embellecer su relato, en la medida de lo posible, con estos otros elementos que toma prestados de las obras de historia.

Lengua y estilo

Los Comentarios a la guerra de las Galias fueron reconocidos como obra maestra ya en la Antigüedad. Su estilo es simple, elegante, como corresponde a un autor para el que escribir bien era algo natural: el resultado es un relato preciso, sobrio y claro. El estilo de Cæsar es más demostrativo que dramático: está más interesado en instruir (docere) que en conmover o seducir a los lectores (movere). En general sus preferencias estilísticas se decantan por el aticismo más puro, caracterizado, según Quintiliano, por su concisión, sencillez y elegancia. En busca del purismo, se evitan los arcaísmos, los neologismos, las palabras con connotaciones poéticas, el lenguaje técnico y los términos inusuales. Se trata de utilizar la palabra justa (verbum proprium). No obstante, Cæsar emplea aliteraciones, repeticiones de ciertas palabras, anáforas, gradaciones, incluso una cierta variación léxica a través de los sinónimos. Cæsar hace un uso abundante de los participios, una innovación que le sirve para ganar en concisión a la hora de expresarse. También son frecuentes los ablativos absolutos aportando claridad y precisión al relato. Por categorías, priman los verbos y los sustantivos: lo que importa es atenerse a lo esencial del mensaje. Los adjetivos, menos frecuentes, se emplean sobre todo para expresar ciertos matices particulares, como la reprobación y la admiración. En el nivel de la oración, Cæsar alterna períodos largos para dar explicaciones o reflexionar y los períodos breves para acontecimientos precipitados y acciones rápidas.

Críticas

Tras el segundo año de campaña, muchas de las tribus hostiles habían sido derrotadas y gran parte de la Galia estaba de una u otra forma bajo control romano. Llegado este momento, cualquier amenaza a la provincia, o a la propia Roma, era como mínimo bastante dudosa. El libro también pudo haber pretendido dar una respuesta a los oponentes políticos de Cæsar, quienes cuestionaban la necesidad real de esta guerra tan costosa, en aquella época una de las más caras de la historia romana. Muchas de las razones proporcionadas claramente abusaban de la credulidad de sus lectores. Por ejemplo, sus razones para invadir Britania se resumían en señalar que mientras luchaba en el noroeste de la Galia, mercenarios procedentes de la isla de Gran Bretaña solían ayudar a los ejércitos locales.

Mapa de las calzadas romanas de Britannia (tomada de wikipedia.com)

Influencia 

Uso educativo 
El libro es frecuentemente loado por la claridad y pureza del latín. Tradicionalmente era el primer libro auténtico que los estudiantes de latín debían estudiar, así como la Anábasis de Jenofonte lo era para estudiantes de griego. Ambos eran relatos autobiográficos de aventura militar relatada en tercera persona. El estilo es simple y elegante, esencial y no retórico, seco como una crónica pero con muchos detalles y empleando numerosos recursos estilísticos para promover los intereses políticos de Cæsar.

Edición moderna del Anábasis de Jenofonte (tomada de amigosdequedecosasii.blogspot.com)

Los libros son también valiosos por muchos hechos históricos y geográficos (Gallia est omnis divisa in partes tres...) que se detallan en la obra. Capítulos destacados son aquellos que describen los trajes de los galos (VI, 13), su religión (VI, 17), una comparación entre los galos y los pueblos germanos (VI, 24) y otras notas curiosas, como la falta de interés de los germanos por la agricultura (VI, 22).

Asimismo, Cæsar es considerado por esta obra como el inventor del libro encuadernado, formato que supuso un cambio radical, haciendo que leer fuera considerablemente más cómodo.
 
Astérix
Puesto que Cæsar es uno de los personajes en los álbumes de Astérix y Obélix, René Goscinny incluía chistes para los escolares franceses que tenían los Comentarios como libro de texto. Un ejemplo es que Cæsar habla de sí mismo en tercera persona en estos libros.

Asterix y Obelix versus Cæsar (tomado de asterix.co.nz)
 
Voreno y Pulón
En el Libro V, capítulo 44 de los Comentarios, se menciona a Lucius Vorenus y Titus Pullo, dos centuriones romanos de la Legión XI. La serie de televisión de 2005 Roma da un relato novelado del auge y caída de Cæsar, con Kevin McKidd como Lucius Vorenus y Ray Stevenson como Titus Pullo.

Lucius Vorenus y Titus Pullo en una de las escenas de la serie Roma de HBO (tomada de daniellebrazil.blogspot.com)

tomado y editado de Wikipedia.com

enero 05, 2011

De Bello Gallico (I)

(tomado y editado de Wikipedia.com)

Antigua versión de Los Comentarios de la Guerra de las Galias (tomado de luduslitterarius.net)

Los Comentarios a la guerra de las Galias (Commentarii de Bello Gallico o, abreviadamente, De Bello Gallico) es una obra de Ivlivs Cæsar redactada en tercera persona. En ella Cæsar describe las batallas e intrigas que tuvieron lugar en los nueve años que pasó luchando contra ejércitos locales que se oponían a la dominación romana en la Galia (del 58 al 50 a.C.).
El título en latín, literalmente Comentarios a la guerra de las Galias, es a menudo conservado en las traducciones del libro, y el título también se traduce como "Sobre la guerra de las Galias", "De la guerra de las Galias", "La conquista de las Galias" y "La guerra de las Galias".
Versión moderna de Los Comentarios de la Guerra de las Galias (tomado de comunaliteraria.cl).

Los Libros

El Libro I recoge las campañas del año 58 contra los helvecios y los germanos. El propósito central de Cæsar era la justificación para ambos conflictos, que no era otra que la defensa de la  provincia Narbonense y de otros pueblos aliados. Aparentemente, Cæsar no tenía previsto el conflicto contra los helvecios, pero supo aprovechar la oportunidad. Afirmaba que no se podía tolerar que éstos se establecieran en un territorio tan próximo a la provincia Narbonense, el de los sántonos, por más que habitasen a ¡más de doscientos kilómetros de la provincia! Para la mentalidad romana era motivo más que suficiente. Dos rápidas acciones le bastaron para destrozar al ejército helvecio y obligarles a rendirse. Cæsar los devolvió a su territorio original para que siguieran actuando como dique de contención frente a la presión  de las tribus germanas. Una llamada de auxilio del heduo Diviciacus, amigo fiel de Roma, permitió enlazar una campaña con otra. Las luchas por la supremacía en la Galia habían aupado al mayor escalafón al germano Ariovistus, que rápidamente había sometido a  tribus aliadas romanas (arvernos y sécuanos) y a tribus enemigas (heduos), y ahora amenazaba con desestabilizar toda la Galia. Seguramente existió entonces un exceso de dramatismo, pero cierto es que Cæsar reconoció como grave el problema de Ariovistus, a quien un año antes no había tenido problema de nombrar con el título de amigo y aliado del Pueblo Romano. Sea como fuere, Cæsar respondió presto a la llamada de Diviciacus y, en una batalla memorable, obligó a los germanos a cruzar de nuevo el Rin. Antes de la batalla final, Cæsar hubo de hacer frente a una grave crisis: su ejército se encontraba atenazado por el miedo que provocaban aquellos bárbaros. Sus habilidades oratorias le sirvieron para salir airoso del paso. No obstante, en el relato, cargó contundentemente contra los jóvenes aristócratas que formaban su séquito y, en contraposición, alabó a oficiales y soldados, perfilando la imagen de ejército que quería.
Esquema de la batalla con Ariovistus (tomado de forumromanum.org)
El Libro II está consagrado a la campaña contra los belgas (57 a.C.). En cierto modo, forma una unidad con el tercero, toda vez que ambos relatan la generalización de la guerra hasta la pacificación aparente. No obstante, hay diferencias sustanciales: este libro se encuentra centrado por completo en la figura de Cæsar, en tanto que el tercero el general comparte el protagonismo con sus lugartenientes, debido a la multiplicación de los frentes. Al disponer que sus tropas invernasen en mitad de la Galia, el procónsul estaba dando a entender que había llegado para quedarse. La formación de una coalición belga contra él se hizo inevitable, y una vez más Cæsar precipitó los acontecimientos: penetró en territorio belga e hizo cundir el pánico. Sólo hubo de vencer la resistencia tenaz de los nervios, a los que diezmó, y de los atuátucos, que pagaron muy caro su intento de engañarle. Entretanto, el hijo menor de Marcvs Licinivs Crassvs se encargaba de la costa oeste. Concluida la campaña contra los belovacos, Cæsar despachó a Roma un despacho triunfalista y exagerado: la Galia estaba pacificada. Esto le valió una supplicatio de quince días, un honor nunca concedido hasta entonces. Sabía que la información podría ser precipitada, pero se aseguraba su continuación en el campo de batalla galo pues cada nuevo estallido de violencia sería considerado como un acto de rebelión a Roma que debería ser castigado. La situación en Roma no era menos importante. En el curso de este año se había producido un acercamiento de Cnaevs Pompeivs Magnvs y sus adversarios políticos, que habían recrudecido sus ataques contra la legislación cesariana. Cæsar maniobró con presteza, entrevistándose primero con Crassvs en Rávena e, inmediatamente después, concertando una reunión con ambos y Pompeivs en Luca. De resultas de ésta, se reforzó la coalición:  Pompeivs y Crassvs serían cónsules en el 55, tras lo cual el primero recibiría las dos provincias hispanas por cinco años y el segundo obtendría Siria, en tanto que a Cæsar se le renovaba su mandato en la Galia por otros cinco años (con la cláusula adicional de que no se podría plantear la asignación de sus provincias hasta el 1 de marzo del año 50).

Primer Triunvirato de la Historia Romana (tomado de septimobasicoab.blogspot.com)

El Libro III desplaza el teatro de operaciones al oeste, donde se desarrollaban las luchas contra los vénetos y otros pueblos del noroeste, al tiempo que se consolidaba la Aquitania. Fue un año denso en acontecimientos, pero parece que Cæsar, obsesionado con brillar en solitario, escatimó méritos a sus legados debido a la excepcional brevedad del texto. Incluso se llega a producir en el lector la impresión de que era él, desde la lejanía, quien ganaba las batallas. Una vez pacificada la Galia, las miras estaban puestas en Britania. Con este fin, Cæsar dispuso que sus tropas invernasen en el oeste.
El Libro IV se ocupa de la guerra contra los usípetes y los téncteros, y de dos breves incursiones: una al otro lado del Rin y la segunda al sur de Britania (55 a.C.). El conflicto con los dos pueblos transrenanos se debió a un efecto en cadena: cuando Cæsar expulsa de la Galia a los suevos de Arivistus, éstos desplazaron a su vez a usípetes y téncteros, que hicieron el camino inverso, aprovechando la debilidad de los pueblos galos. La alarma de Cæsar estaba justificada: los invasores disponían de un nutrido ejército, con una formidable caballería de asalto y además podrían provocar la insurrección de toda la Galia. Cæsar sofocó primero los conatos de sublevación y después marchó contra los dos pueblos, a los que infligió una severísima derrota. Hubo tal masacre que Marcus Porcius Cato no dudó en aprovechar la ocasión para solicitar que Cæsar fuese entregado a los germanos por haber violado el derecho de gentes, impidiendo que estos pueblos solicitasen asilo en la Galia. Sin dilación, Cæsar decidió cruzar el Rin. Quizá quiso emular a Pompeivs adentrándose en terra incognita, pero la expedición resultó poco gloriosa: dieciocho días merodeando por tierras de los sugambros, saqueando y destruyendo, pero sin entrar en combate con el grueso de las tropas germanas. Concluido esto, Cæsar dispuso una nueva expedición a Britania. Según él, de suelo britano llegaban refuerzos a los galos, así que utilizó su “derecho de persecución”. Sin embargo, la expedición estaba mal preparada (pese a sus esfuerzos por disimularlo) y apenas hubo logros militares que reseñar; las riquezas que se esperaban encontrar en la isla no aparecieron. A pesar de la desilusión, Cæsar consiguió una nueva supplicatio: no en vano, era el primer romano en cruzar dos fronteras míticas, el Rin y el Canal de la Mancha.
Mapa de la campaña del 55 a.C. (tomado de forumromanum.org)
El Libro V presenta dos partes contrapuestas: los veintitrés capítulos iniciales están dedicados a la segunda expedición a Britania, y los treinta y tres restantes se ocupan de las revueltas en el nordeste de la Galia. A decir verdad, el segundo grupo corresponde al invierno del 54-53 a.C., con lo que el libro V, correspondiente a los hechos del 54 a.C., y hubiera debido acabar en el capítulo veinticuatro. En Britania, el plan de Cæsar consistía en conquistar la parte más cercana a la Galia (Kent y, posiblemente, Cornualles). Sin embargo, la expedición se saldó con un nuevo fracasó. Las razones eran variadas: la campaña se había iniciado con mucho retraso, sobre su ejército se había abatido una serie de calamidades y, lo más importante, la estrategia de hostigamiento del jefe enemigo Casivellaunus acabó por dejarle en una situación comprometida. En los primeros días de septiembre, apenas tres semanas de su llegada, las tropas volvieron a embarcar. Por si no fuera suficiente este fracaso, durante el invierno estalló una revuelta en torno a los campamentos que Cæsar había ubicado en el centro y nordeste de la Galia. El levantamiento obedecía a varios factores: las élites locales impuestas por Cæsar estaban pasándose al bando enemigo, muchos pueblos sentían amenazada su propia existencia con la agresiva política de Cæsar y, en último lugar aunque no menos importante, los druidas se habían decidido a intervenir, quizá en respuesta a la intromisión de Cæsar en suelo britano, centro del culto druídico. El plan estaba bien pensado y podía poner en graves aprietos a las legiones, aisladas unas de otras. Cæsar no permite apreciar en su relato con claridad la secuencia cronológica, ya que se ha centrado en la suerte dispar de dos de sus legiones: una legión y media, acampada en territorio de los eburones, fue totalmente exterminada por éstos, bajo el mando de Ambíorix; en cambio, la legión estacionada en territorio de los nervios, mandado por Quintus Tullius Cicero, logró resistir hasta su llegada. Tras esto, el libro se cierra con la victoria de Titus Atius Labienus sobre los tréveros, un broche optimista para concluir un libro plagado de malas noticias. De hecho, tras declararla pacificada, Cæsar pasó el invierno en la Galia y se vio en la necesidad de reclutar dos nuevas legiones en el norte de Italia, además de pedir una a Pompeivs, lo que elevó la suma a un total de diez, en torno a cincuenta mil hombres.

Mapa de la campaña del 54 a.C. (tomado de commons.wikimedia.org)

El Libro VI recoge las intensas actividades del año 53 a.C.: operaciones de sometimiento a diversas tribus galas, segunda expedición al otro lado del Rin, persecución de Ambíorix y exterminio de los eburones. Sin embargo, es uno de los más breves. Ello se debe a que Cæsar no estaba dispuesto a ofrecer como único logro de este año una larga y monótona lista de pueblos pacificados que nunca terminaban de someterse. En consecuencia, optó por una larga digresión que ocupa el cuarenta por ciento del libro: este tipo de descripciones etnográficas llamaban poderosamente la atención de los lectores de la época. El segundo paso del Rin no tenía, en palabras de Cæsar, otro propósito que el de hacer una demostración de fuerza a los suevos y a los ubios, aunque algunos autores modernos sospechan de que aquél había concebido grandes planes de conquista para Germania. Sea como fuere, al retirarse los suevos dio por concluida, acertadamente, la aventura germana. De vuelta a la Galia, concentró sus esfuerzos en la figura de Ambíorix, e intentando poner a su propio pueblo en contra desató una campaña de exterminio que prácticamente hizo desaparecer a los eburones de la Historia. Cæsar “inventó” el Rin como frontera natural entre galos y germanos o, lo que era lo mismo a sus ojos, entre pueblos en vías de civilización y simples bárbaros. En realidad, a ambos lados del río se estaba desarrollando una cultura única, la de los celtas de La Tène. Se trataba de justificar la conquista de la Galia como algo necesario: allí había una cultura en formación que debía ser incorporada al mundo romano, salvándola de la agresión germana. Para una parte de la sociedad, los bárbaros no podían ser asimilados y, por tanto, se desaconsejaba su conquista. Durante el invierno, en el norte de Italia, Cæsar se vio obligado a reconducir la situación en Roma: las muertes de Ivliva y Crassvs y el asesinato de Publius Clodius Pulcher habían resquebrajado su alianza con Pompeivs, ahora más cercano a sus oponentes políticos. Mientras en la Galia la rebelión parecía más que evidente, la ruptura con Pompeivs fue total.

 
Ilustración de Ambiorix (tomado de users.telenet.be)

El Libro VII narra el enfrentamiento casi épico entre Cæsar y Vercingetorix (52 a.C.). La nueva y definitiva revuelta se inició en Cénabo, con la matanza de los comerciantes romanos afincados en la plaza. Al frente de la rebelión, posiblemente organizada por los druidas, se encontraba Vercingetorix, un líder con grandes dotes diplomáticas y militares. Cæsar tuvo que asegurar primero la defensa de la provincia Narbonense, amenazada a lo largo de toda la frontera pero, al mismo tiempo, debía impedir que sus legiones fueran aniquiladas. Existía una buena estrategia gala, pero fracasó y Cæsar se apresuró hacia Agedinco, dando un rodeo por el este que no esperaban sus enemigos. De esta manera, reunió en la plaza a dos legiones y esperó a las restantes. Todo ocurrió tan deprisa que Vercingetorix tuvo que recurrir a la estrategia de tierra quemada, pero aún así no evitó la toma de Cæsar de la ciudad de Avárico, que le procuró una ingente cantidad de provisiones. El asedio de la plaza exasperó a sus soldados: tal es, al menos, la justificación esgrimida por Cæsar por la matanza de sus habitantes. Ya a la ofensiva, el siguiente paso lo dio Cæsar en Gergovia y constituyó el primer gran fracaso en suelo galo, aunque su relato apenas lo deje traslucir: todas las culpas recaen en la indisciplina y presunción de sus soldados. Las consecuencias de la derrota fueron importantes: Cæsar emprendió el camino de vuelta a la Narbonense perseguido por la gran coalición gala y sus antiguos socios, los heduos. Vercingetorix cayó sobre el ejército pero sufrió una destacable derrota, propiciada principalmente por la caballería y la infantería ligera que Cæsar había hecho traer desde el otro lado del Rin. Ahora eran los galos los que se veían obligados a huir. Vercingetorix se dirigió a Alesia, donde tendría lugar la batalla final. Se ha pensado que Alesia era en realidad una trampa tendida a Cæsar que tenía como objetivo atraparle entre el ejército de Vercingetorix en la plaza y el proveniente del exterior. Si falló fue por la tardanza de este último. Por contra, algunos creen que fue todo lo contrario: Cæsar simuló su retirada a la Narbonense para después obligar a los galos a retroceder hasta Alesia, donde les atraparía en una ratonera. Y así fue: Cæsar rodeó la plaza con un doble sistema de fortificaciones que le permitió mantener el asedio y rechazar al tiempo cualquier agresión del exterior. Hasta tres ataques lanzaron los galos a ambos lados de la empalizada, pero los romanos, con sufridísimos apuros, salieron ilesos . Las tropas de refuerzo galas se dispersaron y dejaron a su suerte a Vercingetorix. Éste evitó una nueva masacre entregándose en persona a finales del 52 a.C.

Mapa de la campaña en Alesia ( tomada de forumromanum.org)

El relato de Cæsar acaba bruscamente en este punto, sin ninguna conclusión final y tampoco insertando el contrapunto adecuado a la breve introducción del libro I. Hay, de hecho, un Libro  VIII, que se ocupa de las campañas del 51 a.C. contra los carnutes y los belóvacos. Su autor, Aulus Hirtius, disponía como “jefe de la secretaría” de Cæsar de suficiente documentación para llevar a cabo la tarea, además de informes remitidos por Cæsar y de otros más. Se afirma en su comienzo que toda la Galia estaba sometida y en su final que Cæsar lo había conseguido combinando rigor y benevolencia, premios y castigos. Persistían, no obstante, algunos focos de resistencia. El más importante de ellos, Uxellodunum, sufrió un castigo terrible por retardar la pacificación total hasta el año 50, momento en que Cæsar podía verse desposeído de sus poderes. Al cabo de aquellos ocho años de guerras, Cæsar había logrado, en palabras de Jehne: “su consagración como fenómeno excepcional”. “Como tantas otras veces en su vida, también ahora se encaminaba hacia una decisión en la que se jugaba el todo por el todo: o se convertía en cónsul y, previsiblemente, en el hombre más poderoso del Imperio Romano, o sería ignominiosamente expulsado de la clase dirigente y tendría que esperar el fin de sus días en cualquier rincón del Imperio. La lucha entre Cæsar y sus adversarios estaba llegando al punto decisivo.” La guerra civil estaba a punto de llegar.

octubre 12, 2010

La muerte de César



Via: magazinedigital.com e imperioromano.com

El misterio se ha resuelto: después de años de especulaciones, finalmente se ha identificado el sitio donde murió apuñalado Julio César, en un área arqueológica que pronto se abrirá al público. Y que esconde alguna que otra sorpresa.

El misterio César murió asesinado el 15 de marzo del año 44 antes de Cristo en Roma, mientras acudía a una reunión del Senado. Hasta ahora, este era el único dato cierto sobre los últimos días del jefe supremo de la antigua Roma. Entre las muchas incógnitas sobre su muerte, quedaba abierto un interrogante: ¿dónde falleció exactamente César, tras recibir 23 puñaladas, víctima de un complot que quería derrumbar sus aspiraciones y su proyecto político?

El turista que se pasee por Roma sabe que el magnicidio ocurrió en el área arqueológica de Torre Argentina. Pero el punto preciso ha seguido siendo un misterio, hasta hace muy poco. A lo largo de estos años, las especulaciones y las leyendas han fomentado el enigma. Hubo incluso quien aseguraba que la ubicación coincidía con los bajos de un restaurante de los alrededores; otros rumores apuntaban a que César fue asesinado justo debajo de la calle donde transita un tranvía (entre los romanos se bromea que César murió atropellado…).

Lo de la ubicación puede parecer una anécdota sin importancia. Pero no en el caso de Julio César. Su mito sigue más vivo que nunca. De hecho, hasta hace unos años, turistas y ciudadanos de la capital solían acudir a las excavaciones del Foro Romano, a escasos metros del Coliseo, a depositar flores en el lugar donde su cuerpo fue incinerado y el único sitio acreditado donde reposó, por última vez, el cadáver de César. De ahí que identificar la zona exacta se haya convertido a lo largo de estos años en una búsqueda morbosa de arqueólogos, historiadores y simples turistas. Pero antes de desvelar el descubrimiento, tal vez sea oportuno repasar qué es lo que ocurrió aquellos días febriles hace poco más de 2000 años. Inicien ustedes un viaje a la antigua Roma…

La noche anterior, César cena en casa de amigos. Durante la sobremesa, alguien plantea la pregunta de cuál sería la mejor manera de morir. César contesta que aspira a “un final súbito e inesperado”. La mañana del día 15, su mujer, Calpurnia, tiene un despertar intranquilo tras sufrir pesadillas: ha soñado que se desplomaba el frontón de la casa y se ha visto a sí misma sosteniendo el cuerpo inerte de César. Los malos presagios se suceden: el augur etrusco Espurnia ya le había dicho a César la célebre frase: “Cuida de los idus de marzo”. Ya ha llegado el día.

En el trayecto, el profesor de griego Artemidoro, que conocía el complot, le entrega un manuscrito donde se le anuncia la inminente tragedia, pero, por decisión o falta de oportunidad, a César no le da tiempo de leerlo. Cuando llega a uno de los templos que forman parte del complejo teatral de Pompeyo, a las puertas del Senado, un ciudadano romano se le interpone en el camino suplicándole que solucione un asunto familiar. Al mismo tiempo, uno de los miembros del complot le tira la túnica dejándole la nuca al descubierto. Es la señal: los asesinos le acorralan, y 23 puñaladas le atraviesan el cuerpo. Cuando César ve que su hijo adoptivo Bruto forma parte de la conjura, clama la célebre frase: “Tú también, Bruto, hijo mío”, y entonces deja de defenderse. Cae muerto a los pies de la estatua de Pompeyo, su viejo enemigo.

En el Foro Romano, según el historiador Suetonio, el pueblo de Roma entero asiste a la cremación de su cadáver toda la noche. Tras el asesinato, en la ciudad estallan el caos y la anarquía.
En cuanto a sus asesinos, nadie sobrevivirá más de tres años y nadie fallecerá por causas naturales. Algunos se matarán, como escribió Suetonio, “con el mismo cuchillo con que se habían atrevido a atravesarlo”.

EL LUGAR
Así fueron los hechos. Y ahora, al presente. El visitante que acuda a Roma, tras dejar Piazza Venezia en dirección oeste, encontrará un área arqueológica rectangular situada en Largo di Torre Argentina y formada por restos de cuatro templos, visibles con sus respectivas columnas y poblados por una colonia de gatos salvajes.

Tras hallar vestigios, se decidió parar el proyecto y, a posteriori, fue una suerte: salieron a la luz los restos del antiguo teatro de Pompeyo, sede de la Curia romana, donde tuvo lugar el asesinato de César. Los templos de este lugar se remontan a varias épocas: el más antiguo es de finales del siglo III antes de Cristo. Tras las últimas investigaciones, ahora es posible visitar los cimientos que están en la base del complejo. A la espera de que se abran las puertas oficialmente al turismo, el Magazine pudo comprobar, en una visita privada, que por debajo del terreno hay un entramado de túneles con restos pertenecientes a varias épocas.

Pero, además, los trabajos han dado finalmente respuesta al enigma planteado al principio. Ahora se sabe con exactitud el lugar exacto donde César murió, uno de los sitios más emblemáticos de Roma, donde se escribió una de las páginas que cambiaron la historia de Occidente.

Pues bien, en el lado oeste de esta área, casi rozando el límite con Via di Torre Argentina, incrustada en un terreno de césped verde pálido, se puede ver una pieza de mármol blanco alargada de tamaño rectangular.

Es lo que queda de la base de una letrina pública. En efecto, se estima que en el I siglo d.C. construyó en esta zona esta instalación sanitaria, para que los ciudadanos pudieran realizar ahí sus necesidades. La iniciativa, recuerda Marina Mattei, responsable de las excavaciones arqueológicas, era esencialmente política. Se trataba de impedir el culto a César, para que su nombre no ofuscara a los posteriores gobernantes. ¿Podían los ciudadanos dejar flores o rezar en un lugar que apestaba a excrementos? Evidentemente, no. Ese fue el destino del gran general romano. Quisieron borrar su memoria con una letrina. No lo consiguieron.

septiembre 23, 2008

Cayo Mario (Parte II)

(tomado y editado de Wikipedia.com)

Las legiones formadas por hacendados sufrieron una serie de graves derrotas, debidas, principalmente, a la incapacidad de dirección de los aristócratas romanos, por lo que causaron un gran número de bajas en sus filas. Mario, que necesitaba más tropas, tuvo que recurrir a métodos no convencionales, y posiblemente ni siquiera se dio cuenta de las consecuencias futuras que traerían sus reformas.

Después de las reformas agrarias de los Graco, se había asentado el tradicional reclutamiento romano, que excluía del servicio a aquellos que no tuviesen propiedades suficientes para entrar en el censo de la quinta clase. Parece ser que se redujo el requisito para formar parte de la quinta clase de 11.000 a 3.000 sestercios de propiedad, y que incluso en el año 109 aC los cónsules habían aprobado una suspensión de estas restricciones. En el año 107 aC Mario decidió ignorar la cualificación del censo completamente, y comenzó a reclutar a hombres libres sin ninguna propiedad. A estos hombres se les asignaba una paga (la soldada), mediante la cual pagarían a plazos el equipamiento militar que les aportaba el estado. Desde ese momento los ejércitos romanos pasarían a estar formados en su mayoría por ciudadanos pobres del capiti censi o censo por cabezas, cuyo futuro tras el servicio pasaría a depender principalmente de que su general lograse distribuir tierras a sus veteranos.

Por ello, los soldados comenzaron a tener un gran interés personal en las disputas entre su general y el Senado. Si bien Mario no reparó en dicho potencial, en menos de dos décadas su ex-cuestor, Sila lo acabaría usando contra el Senado y contra el propio Mario. El cambio también supuso el comienzo de la profesionalización del ejército (que terminaría en época del Imperio). Los soldados comenzaron a recibir una paga y su manutención y equipación la proveía el estado.

El hecho de concederle a los más desfavorecidos la posibilidad de alistarse en las legiones romanas le trajo más de un enfrentamiento en el Senado. Estos nuevos legionarios eran analfabetos y por tanto no sabían desenvolverse dentro del campo de batalla igual que los anteriores soldados propietarios. Por este motivo, Mario ideó un símbolo el cual debían seguir todos hasta su último suspiro. Este símbolo era el águila, estandarte que de aquí en adelante sería símbolo de las legiones romanas.

La guerra que Mario había prometido ganar con celeridad duraría aún otros tres años, lo que parece demostrar que Metelo había actuado con honradez y con la única táctica posible, frente a un enemigo astuto y buen conocedor de las guerrillas, en un territorio por completo favorable a los númidas. Mario hubo de imitar la táctica de Metelo, deteniéndose en el asedio de las plazas fuertes, con las que Yugurta contaba para frenar el avance romano. Sometiendo al pillaje y destrucción el territorio enemigo, Mario avanzó, en una lenta marcha hacia el oeste, hasta los confines del reino númida con Mauritania, donde Yugurta, siempre escurridizo, iba siendo acorralado.

La aproximación del frente de lucha al reino de Mauritania indujo finalmente a su rey Bocco, suegro de Yugurta, a romper la neutralidad, que, tanto Metelo como Mario, habían penosamente conseguido, y prestar ayuda a su yerno. Cuando, tras su segundo año de campaña en África, a finales de 106 aC, Mario se retiraba hacia sus cuarteles de invierno en el este, fue atacado y acorralado por las fuerzas conjuntas de los dos monarcas africanos.

Su cuestor en ese momento era Lucio Cornelio Sila, hijo de una familia patricia venida a menos. Si bien Mario no estaba al principio del todo contento por tener que aceptar al inexperto y afeminado Sila para ocupar un puesto de esa responsabilidad, dado que no tenía experiencia militar previa, éste demostró ser un competente y voluntarioso líder militar. Cuando en el año 105 aC se reanudaron los contactos con Bocco, rey de Mauritania y suegro de Yugurta, preocupado por el avance romano, Sila logró deshacer la coalición, apresurando a Bocco a solicitar la paz con los romanos. Tras laboriosas negociaciones, que ocuparon la mayor parte de 105 aC, y en las que Bocco vacilaba en un doble juego con Yugurta y con los romanos, finalmente el cuestor logró convencer al rey mauritano para que atrajera a una trampa a su yerno, que cayó así finalmente en manos de Mario.

No se sabrá nunca con certeza a quién se debe atribuir el final de la guerra. Parece que no sería obra tanto del genio militar de Mario, como de la astucia y las artes diplomáticas de Sila pero, por otra parte, no sería lógico pensar que Sila actuase por su cuenta y riesgo, sino que seguía un plan predefinido por su comandante. Por ello, y dado que Mario era el comandante de Sila, el honor de la captura de Yugurta le pertenecía a él. Si bien eso no importaba en este momento, y ambos personajes salían ganando, más adelante Sila afirmaría que el mérito del fin de la guerra fue en exclusiva suyo. Mientras tanto, Mario era el héroe del momento, y pronto se requerirían sus servicios para otra emergencia. Gracias a sus victorias en Numidia (norte de África) se ganó el apodo de "Zorro de Arpinum", última localidad lacial que consiguió adherirse a Roma.
La llegada de los Cimbrios a la Galia en el año 109 aC, durante la Guerra Cimbria, y la derrota sin paliativos de su compañero consular Marco Junio Silano llevó a un malestar creciente en las tribus célticas conquistadas recientemente en el sur de la Galia. En el año 107 aC, el cónsul Lucio Casio Longino fue derrotado por una tribu local y su oficial superviviente, Cayo Popilio Laenas (hijo del cónsul del mismo nombre del año 132 aC) había salvado lo posible tras el abandono de parte del equipamiento y tras la humillación de pasar bajo el yugo. Al año siguiente, otro cónsul, Quinto Servilio Cepio marchó a la Galia y capturó la ciudad de Tolosa (actual Toulouse), en donde capturó una enorme suma de dinero. Parte de ese dinero desapareció misteriosamente cuando se transportaba a Massilia (actual Marsella). Cepio fue prorrogado en el mando un año más y cuando uno de los cónsules, Cneo Malio Máximo, otro hombre nuevo entró a operar militarmente en el sur de la Galia. Él y el noble Cepio fueron incapaces de cooperar, debido a que Cepio era incapaz de ponerse a las órdenes de un "hombre nuevo", a pesar de que fuese un cónsul, debido a su linaje.
Aparecieron entonces los Cimbrios y los Teutones, (tribus germánicas en plena migración), y la falta de cooperación entre Cepio y Malio, que mantuvieron sus fuerzas separadas y a mucha distancia ayudó a los germanos a rodear a Cepio y destruir el ejército de Malio. Como los romanos luchaban con el río a su espalda, la huida era imposible, y se dice que se contabilizaron 80.000 muertos. Esta gran derrota y la culpa aparente de la nobleza por su arrogancia fue la gota que colmó el vaso. Italia se encontraba a merced de la invasión de las hordas de bárbaros y el descontento popular con la oligarquía llegó a su máximo.

A finales del año 105 aC Mario fue elegido cónsul por segunda vez mientras se encontraba todavía en África. La elección en ausencia o in absentia era ya algo bastante inusual, pero no sólo eso. Algún tiempo después del año 152 aC se promulgó una ley que establecía un lapso de tiempo de 10 años que debería transcurrir para que una misma persona optase a otro consulado, e incluso existe alguna evidencia de que alrededor del año 135 aC hubo una ley que llegó a prohibir los segundos consulados. En este momento habían llegado noticias a Roma del avance de la tribu de los Cimbrios, y para la emergencia se eligió a Mario como cónsul. La ley se repitió, y Mario fue elegido durante cinco años consecutivos (104 - 100 aC) en un hecho sin precedentes en la historia de Roma. Volvió a Roma aproximadamente el 1 de enero del año 104 aC, para celebrar su triunfo sobre Yugurta, que fue llevado en procesión y ejecutado al final de la misma.

Los Cimbrios, por otro lado, marcharon hacia Hispania, y los Teutones se dirigieron al norte de la Galia, dejando a Mario tiempo para preparar su ejército. Uno de sus legados en ese momento fue su antiguo cuestor, Lucio Cornelio Sila, lo que demuestra que por entonces no existía ningún conflicto entre ellos.

Mario fue reelegido para cónsul para el año 103 aC, aunque pudo haber continuado operando en el cargo de Procónsul. Parece ser que su posición como cónsul haría su nombramiento como comandante completamente indiscutible y evitaría problemas con los cónsules que habrían surgido de haber sido simplemente procónsul (un rango inferior). Mario parece que pudo conseguir todo lo que deseaba, y que esto lo logró gracias al apoyo del pueblo, que elegían a sus colegas consulares en función de sus deseos. En el año 103 aC los Germanos todavía no habían salido de Hispania, y el colega consular de Mario (Lucio Aurelio Orestes) murió, por lo que Mario se vio obligado a volver a Roma para las elecciones, siendo reelegido para el año 102 aC.

agosto 26, 2008

Cayo Mario, parte I

(tomado y editado de Wikipedia.com)
Cayo Mario fue un político y militar romano, llamado tercer fundador de Roma por sus éxitos militares. Fue elegido cónsul siete veces a lo largo de su vida, algo sin precedentes en la historia de Roma. También se destacó por las reformas que impuso en los ejércitos romanos, autorizando el reclutamiento de ciudadanos sin tierras y reorganizando la estructura de las legiones, a las que dividió en cohortes.

Mario nació en Arpino, al sur del Lacio, alrededor del 157 a.C. en el seno de una familia acomodada. La ciudad había sido conquistada por Roma a finales del siglo IV a.C., y se le concedió la ciudadanía romana sin derecho de voto. Sólo en el año 188 a.C. la ciudad consiguió la ciudadanía romana plena.

Desde muy joven ejerció de tribuno militar en Numancia donde despertó el interés de Escipión Emiliano, quien le animó a emprender la carrera pública a pesar de su situación (hombre nuevo, nombre que recibían los ciudadanos romanos sin ascendientes dentro de las principales familias). En esta etapa, Mario se presentó a las elecciones de Tribuno militar. Según Salustio, a pesar de que era un desconocido para los electores, las tribus lo votaron por sus méritos militares.

La familia de Mario era cliente de los Cecilios Metelos, y el joven contó con el apoyo de Quinto Cecilio Metelo el Numídico para alcanzar ganar las elecciones para Tribuno de la plebe (120 a.C.). Mario ingresó asimismo en el senado, dado que todas las personas que hubiesen ocupado dicho cargo tenían derecho a entrar en esta asamblea.

Durante su tribunado, Mario iba a manifestar ya los rasgos contradictorios que marcarán su acción política. En efecto, mientras se indisponía con la nobilitas y con su propio protector, como consecuencia de una propuesta de lex tabellaria, que dificultaba la presión coercitiva de la oligarquía en la mecánica de las votaciones, se ganaba la animosidad popular al oponerse a una populista lex frumentaria, que pretendía ampliar los repartos de trigo a la plebs urbana (y con ellos la corrupción y la compra de votos). Se desconoce si en ambos casos Mario actuaba en interés del orden ecuestre y/o de los suyos propios.

En cualquier caso su carrera política sufrió una paralización transitoria, presentándose y perdiendo las elecciones para edil curul y edil plebeyo. Esta derrota electoral fue, al menos en parte, debida a la enemistad de la familia Metelo. En principio parecería que su modesto origen no parecía predestinarle para las altas magistraturas, pero en el 116 a.C., fue nombrado pretor, en circunstancias, al parecer, tan dudosas que le acarrearon un juicio de ambitu, acusado de sobornar a los votantes. Ganó por muy poco el juicio subsiguiente y consiguió el puesto de pretor en Roma.

Tras pasar su año como pretor en Roma, en 114 a.C., Mario fue enviado a gobernar la Hispania Ulterior en calidad de propretor. Al parecer tomó parte en algún enfrentamiento militar menor, pero no recibió ningún triunfo a su vuelta. Dado que en esta época era habitual que el puesto de gobernador en Hispania durase 2 años, es probable que se le reemplazase en el año 113 a.C. En el año 110 a.C. se casa con Julia Maior, tía de Julio César, cuya cuna patricia e influencia favorecían su aspiración al puesto de cónsul.

Si bien parece que tras acceder al tribunado de la plebe hubo una ruptura entre Mario y Metelo, dicha ruptura no fue del todo permanente, puesto que en el año 109 a.C. Metelo le tomó como legado en la campaña militar contra el rey Yugurta. No se sabe en qué circunstancias el clan Metelo se reconcilió con Mario, ni si se trataba de un perdón sincero u obligado por las circunstancias; en todo caso, Mario, tras un año de propretura en la Hispania Ulterior, fue incorporado como lugarteniente al ejército africano de Metelo en su campaña contra el númida Yugurta. Con ello Metelo buscaba probablemente la gran experiencia de Mario como militar, mientras que Mario pretendía fortalecer su carrera política para acceder al consulado.

En el año 108 a.C. Mario pidió permiso a Metelo para dejar su puesto de legado e ir a Roma para optar a las elecciones para el consulado. Metelo no le dio el permiso, y le ofreció reconsiderarlo y optar a dicho puesto con su hijo, que en ese momento tenía 20 años (lo cual supone que no accedería al cargo hasta después de otros 20). Ante esta situación (pues necesitaba el permiso para abandonar su puesto), Mario pasó el verano congraciándose con las tropas, mediante la relajación de la disciplina, así como con los comerciantes italianos, sugiriendo que de estar él al mando podría lograr una victoria fácil y rápida en Numidia contra Yugurta. Ambos grupos escribieron a Roma, hablando muy bien de él y criticando las tácticas de Metelo, que basaba su estrategia en una lenta guerra de desgaste. Tras esto Metelo decidió ceder y dejarle ir, ante el perjuicio que le causaría seguir manteniéndole como subordinado.

Mario volvió a Roma y se presentó al consulado, siendo elegido en el año 107 a.C. No es de extrañar su elección teniendo en cuenta que recientemente los ciudadanos habían presenciado varias debacles militares provocadas por la incompetencia de ciertos miembros de la aristocracia, así como varias acusaciones de corrupción. Mario se presentaba como una alternativa: el virtuoso hombre nuevo, que con tanto trabajo había llegado hasta donde estaba.

El Senado, por su parte, decidió que entre las provincias consulares a repartir entre los cónsules de ese año no estaría Numidia y la guerra contra Yugurta, y prorrogó a Metelo en el mando. Mario se defendió utilizando una técnica para desviar la decisión a la Asamblea de Ciudadanos, en lugar del Senado, dado que ahí contaba con mucho más apoyo. Esta técnica ya se había usado en el 131 a.C., cuando un tribuno había presentado una ley para autorizar a la Asamblea a elegir un comandante (al parecer también existía un precedente de la Segunda Guerra Púnica). Mario presentó una ley similar, y las asambleas le votaron como comandante tras esta elección especial. Metelo, por su parte, tuvo que volver, pero el Senado le concedió en contraprestación el título de Numídico (conquistador de Numidia).

abril 25, 2008

La inauguración del Coliseo, el mayor espectáculo de la Antigüedad

(tomado de historiaclasica.com)
Por una inscripción hallada recientemente, sabemos que en el año 70 dC Vespasiano tenía los bolsillos llenos gracias al botín obtenido en su victoriosa campaña militar en Judea.

La construcción del Coliseo, un guiño a la plebe romana.
Decidido a complacer al pueblo de Roma, tan voluble y traicionero, dedicó una parte sustancial de este botín a la construcción del mayor Anfiteatro del Imperio, que hoy en día conocemos como el Coliseo, con capacidad para 50.000 espectadores. Para ello, hizo derruir una gran parte de la Domus Aurea, el palacio erigido por Nerón, y desecar el lago contiguo. Esto sólo puede ser interpretado como un gesto populista, dirigido a contentar a la plebe, ya que en lugar de erigir su Anfiteatro en las afueras de la ciudad, como hubiera sido normal, prescindió de unas edificaciones imperiales y lo construyó en pleno centro de Roma.

La inauguración, 9.000 fieras y luchas a muerte.
Diez años más tarde, y muerto ya Vespasiano, inauguró el Anfiteatro Flavio su hijo y sucesor, Tito. Los Juegos que se celebraron estuvieron a la altura de las expectativas. Dión Casio nos habla de las diversas celebraciones que tuvieron lugar en la recién estrenada arena, y más en concreto, nos describe la cacería de más de 9.000 fieras salvajes, uno de los espectáculos más populares en aquella época. Imaginen las caras que debían poner los senadores que poblaban la grada inferior o los plebeyos de la superior!!

Otra de las historias que nos han llegado de aquel acontecimiento único es la de Vero, un gladiador de Moesia, que luchó a muerte contra su amigo Prisco... por lo visto, a pesar de su amistad la lucha fue espantosa, ambos luchadores hicieron gala de fuerza y destreza con las armas. Cuando uno avanzaba, el otro resistía en su lugar, y cuando este devolvía los golpes, el otro los rechazaba firmemente con el escudo. Los 50.000 espectadores nunca habían visto nada igual. Parecía como si 2 reencarnaciones de Hércules se entrentaran en la nueva arena de Roma, dejando sin respiración al César, a los senadores y al pueblo por igual. El final fue del todo insospechado, y de hecho, no volvió a repetirse jamás. Lo podría contar con mis propias palabras, pero encuentro que el relato del poeta Marcial es más adecuado. Dice así:

Como Prisco y Vero alargasen el combate, y el valor de ambos fuese el mismo
durante largo rato, se pidió repetidamente y a grandes voces gracia para los
hombres, pero el mismo César obedeció su ley: la ley era acudir al dedo tras dejar
el escudo. Les entregó una y otra vez platos y regalos, lo que se permitía. Se
halló, sin embargo, un final de combate igualado: lucharon iguales, cayeron
iguales. César envió a ambos la palma y la vara de honor: el valor ingenioso
ofreció esta recompensa. Bajo ningún otro príncipe, César, sucedió esto: que al
luchar los dos, uno y otro fuesen vencedores.
Marcial (Sobre los espectáculos, 29)

Pues eso, que viendo el César la entrega de ambos, y habiendo alargado la lucha hasta la extenuación, no tuvo más remedio que declarar a ambos vencedores, lo que sin duda debió ser un digno colofón a la inauguración del mayor anfiteatro del Imperio

marzo 13, 2008

Hallazgos arqueológicos en excavaciones en Roma

(tomado de imperioromano.com)
Una fábrica de cobre del siglo VI, cocinas medievales todavía provistas de ollas y restos de palacios renacentistas se encuentran entre los tesoros develados el viernes por los arqueólogos que hicieron excavaciones en Roma en preparación para la apertura de una nueva línea de trenes subterráneos.

Los arqueólogos habían escudriñado las profundidades de la Ciudad Eterna en 38 excavaciones, algunas cerca de monumentos famosos o de avenidas.

En los últimos nueve meses se han hecho varios hallazgos _incluyendo tabernas romanas y cimientos palaciegos del siglo XVI_ en la céntrica Plaza Venecia y cerca de los antiguos foros romanos donde se excava lo que será una de las 30 paradas de la tercera línea subterránea de la ciudad.

“Los hallazgos medievales y renacentistas que salieron a luz en la Plaza Venecia son extremadamente importantes por su singularidad”, dijo la arqueóloga Mirella Serlorenzi.
Agregó que entre los descubrimientos más significativos en una cocina del siglo IX había tres ollas usadas para cocinar salsa. Es apenas el tercer hallazgo de su tipo en toda Italia.

Las excavaciones arqueológicas sólo se necesitan en los sitios donde se instalarán las escaleras y los sistemas de conducto de aire, ya que los 25 kilómetros (15 millas) de túneles y estaciones se excavarán a una profundidad de 25 a 30 metros (80-100 pies), por debajo del nivel de toda habitación humana del pasado, precisaron los expertos.

Sin embargo, la mayoría de las excavaciones todavía no han llegado a la capa que data de los tiempos romanos, donde los arqueólogos podrían recibir muchas sorpresas. Eso podría suscitar problemas entre planificadores y conservacionistas.

“Es imposible que no haya situaciones de conflicto. Sabemos que en algunos casos el conflicto provocará la remoción de ruinas antiguas”, admitió a la AP Angelo Bottini, superindendente de arqueología de Roma.

Según las estrictas leyes conservacionistas de Italia, dependerá de Bottini decidir si algo deberá ser removido, destruido o mantenido dentro de las estructuras de la red subterránea. Los 2,8 millones de habitantes de la ciudad sólo tienen dos líneas de trenes subterráneos. Los planes de la tercera línea en el centro histórico de Roma habían sido postergados durante décadas por escasez de fondos y el temor a tener que detener las obras en el caso de encontrar tesoros arqueológicos.

El proyecto de 4.600 millones de dólares debe completarse en el 2015, pero partes de la línea se inaugurarán en el 2001 para transportar a 24.000 pasajeros por hora con trenes automáticos.
Via: AP
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