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enero 26, 2011

Así predecían en 1931 cómo sería 2011

Tomado de imperioromano.com
 


‘The New York Times’ lanzó en 1931 un reto a varias personas influyentes del mundo de la ciencia, la sociología o la economía: predecir cómo sería el mundo en 2011. Pese a que algunos pecaron de optimistas, sorprende lo bien que nos conocieron hace 80 años.

En su 80 aniversario en septiembre de 1931, el periódico ‘The New York Times’ pidió a destacadas personalidades del mundo de la ciencia, la cultura o la industria, que diesen su visión de cómo creían que sería el mundo en ocho décadas, es decir, en 2011.

Los nombres elegidos para hacer sus predicciones, según abnormaluse, fueron el médico de la Clínica Mayo y co-fundador de WJ Mayo, el famoso industrial Henry Ford, el anatomista y antropólogo Arthur Keith, el físico y Premio Nobel Arthur Compton, el químico Willis R. Whitney, el físico y premio Nobel Robert Millikan, el físico y químico Michael Pupin, y el sociólogo William F. Ogburn.

“Los Estados Unidos alcanzarán los 160 millones de habitantes”, aseguró William F. Ogburn, una cifra algo alejada de la realidad, ya que en el último censo realizado a finales de 2009 contaba con 308 millones, casi el doble de lo que predijo el sociólogo. Sin embargo, teniendo en cuenta la dificultad de lo que se les pedía, hay que reconocer que estos visionarios no lo hicieron del todo mal. De hecho el mismo Ogburn dió en el clavo en varios aspectos relacionados con el ritmo de vida actual.

“El progreso tecnológico, con su ley exponencial de crecimiento, es la clave para el futuro” aseguró el sociólogo, “sin embargo, la heterogeneidad de la cultura material conllevará el nacimiento de lenguajes que sólo los especialistas podrán entender. El paisaje se transformará a causa de la tecnología y disminuirá el número de agricultores”.

El sociólogo también fue capaz de ver aspectos relacionados con la vida familiar ya que aseguró que aunque ésta no se destruiría sí sería menos estable en los primeros años de vida matrimonial con un mayor número de divorcios de los que había en 1931. Asimismo, fue capaz de predecir la emancipación de la mujer, “su vida será más parecida a la de los hombres y pasarán más tiempo fuera del hogar”.  No obstante, el sociólogo fue demasiado optimista en algunos casos ya que aseguró que la pobreza sería eliminada.

Por su parte, el Doctor Mayo  también estuvo muy acertado al afirmar que las enfermedades contagiosas e infecciosas se habrían superado en gran medida y que las principales causas de muerte serían las enfermedades ligadas al corazón, vasos sanguíneos, riñones, enfermedades del sistema nervioso y cáncer. Además predijo que la esperanza media de vida en los EEUU sería de 70 años. El médico no iba tan desencaminado ya que el promedio es de 77,9 años.

El antropólogo Arthur Keith advirtió ya en 1931 de los peligros que podría entrañar un exceso de especialización y para ello ponía un ejemplo: “Hace ochenta años la medicina se dividió entre los tres órdenes de especialistas - médicos, cirujanos y matronas” afirmó el experto al periódico, “ahora hay más de medio centenar de distintas ramas especiales para el tratamiento de enfermedades humanas. Es este aspecto de la vida - su especialización cada vez mayor - que me asusta”.

El empresario Henry Ford, predijo apenas dos años después del crack del 29, que en los siguiente 80 años se iba un producir un “repaso y rediseño” de la “máquina económica no para hacer algo diferente a lo que tenemos, sino para conseguir que la máquina actual haga lo que han dicho que puede hacer”. La observación asusta teniendo en cuenta que 80 años después seguimos sin saber qué teclas hay que tocar para hacer que esa máquina funcione como es debido.

Robert Millikan aseguró que “la difusión del método científico, que ha sido profundamente significativo para la física, está a punto de ser utilizado para solucionar problemas de índole social”.
Por su parte, el científico Michael Pupin se mostró optimista en lo que se refiere a la mejor distribución de los recursos económicos.

“Los grandes inventos que han sentado las bases de nuestras industrias modernas y de la civilización industrial han nacido en los últimos ochenta años. El poder actual para crear riqueza nunca ha sido igualado en la historia de la humanidad pero nos falta todavía la sabiduría necesaria en lo referente a la distribución equitativa de la riqueza que se crea. Por lo que puedo profetizar que durante los próximos 80 años esta civilización corregirá estas deficiencias con la creación de una democracia industrial que garantice a los trabajadores una distribución equitativa de lo producido por su trabajo”.

El último de los “visionarios” fue Compton que predijo que las fronteras nacionales poco a poco dejarían de tener la importancia de 1931 y estuvo acertado al afirmar que China “con sus excelentes recursos naturales” tendría “un papel prominente en los asuntos mundiales”.
 
Las predicciones no están nada mal si tenemos las diferencias culturales, políticas y sociales que existían hace 80 años. Y tú… ¿te atreves a predecir qué pasará en 2091?

enero 18, 2011

La policía italiana asegura haber descubierto la tumba de Calígula

Nota periodística aparecida en el diario español El Pais.com, aunque el escepticismo siempre aparece en este tipo de noticias rimbombantes.

Busto de Cayo Calígula en el Museo del Louvre, París (tomado de wikipedia.org)

El anuncio provoca un gran escepticismo entre los estudiosos

La tumba de Calígula, el emperador romano que es sinónimo de todo lo insano y depravado y que en la imagen popular de decadencia y amoralidad romanas está sólo un peldaño por debajo de Nerón, habría sido encontrada cerca del lago Nemi, 30 kilómetros al sur de Roma. El anuncio lo ha hecho la policía italiana y se ha hecho eco de él profusamente la prensa internacional. Los especialistas, sin embargo, alzan la ceja y muestran en general gran escepticismo.

El hallazgo se habría producido tras la detención de un hombre que trataba de sacar de contrabando una estatua de 2,5 metros de altura del emperador. El individuo fue detenido junto al lago cuando cargaba un trozo de la escultura en un camión. Además de la villa, Calígula poseía un templo y un palacio flotantes, cuyos restos fueron recuperados en tiempos de Mussolini, aunque destruidos durante la II Guerra mundial. La escultura, que calza botas militares -las caligae de las que deriva el apodo del emperador, Calígula, "botitas", porque las usaba de niño (en realidad se llamaba Cayo Julio César Augusto Germánico)- es de un poco común mármol griego y el césar está sentado en un trono y ataviado con vestiduras de dios. Interrogado, el ladrón condujo a la policía hasta el sitio de procedencia de la estatua. La excavación del lugar iba a empezar hoy.

La historia sin duda es estupenda. Pocos césares romanos hay más (im) populares que Calígula (12 después de Cristo - 41 d. C). Suetonio dejó un retrato terrible de él: caprichosamente cruel y lunático, se lió con su propia hermana Julia Drusila, se disfrazaba de Venus y humilló y aterrorizó a los senadores. Puso a las legiones a recoger conchas y celebró con ellas un triunfo sobre el mar, entre otras excentricidades. Fue novelado por Robert Graves (lo interpretó luego John Hurt en la producción de la BBC de su novela Yo, Claudio -su tío y su-su-sucesor-), llevado al teatro por Camus y erotizado hasta el porno por Penthouse en la película de Tinto Brass con Malcom McDowell.

El actor John Hurt como Calígula en Yo, Claudio.
El actor Malcom McDowell interpretando a Calígula en 1979.
Hallazgos más sorprendentes se han producido en la historia de la arqueología, pero todo invita a la máxima prudencia. Los estudiosos, como la historiadora británica Mary Beard, autora de aclamados libros sobre Pompeya y El triunfo romano, no están nada convencidos de que se haya localizado tal cosa como "la tumba perdida de Calígula", pese a lo bien que suena. De entrada, las fuentes nos dicen que el emperador loco fue asesinado por los pretorianos en su palacio en el Palatino, en Roma. Beard recuerda que según Suetonio, su cadáver fue llevado a los Horti Lamiani, lugar de unos jardines imperiales en el Esquilino, y luego rápidamente incinerado y sepultado bajo una capa de césped. Más tarde fue vuelto a quemar y enterrado con propiedad, pero no hay ninguna evidencia de que lo fuera en Nemi ni de que se construyera una gran tumba. La estudiosa considera inconcebible que el símbolo asesinado de la monstruosidad imperial -con lo que les costó librarse de él- hubiera tenido un gran monumento y además con una gran estatua. Probablemente, las cenizas de Calígula estén en una sepultura modesta en los Horti Lamiani o como piensan algunos en el Mausoleo de Augusto, con muchos otros miembros de la familia imperial.

Notas de otros medios de comunicación:
Caracol.com
Noticiero diario.com.ar
Newser.com

octubre 12, 2010

El cuidado de los ancianos surgió hace 500.000 años

La pelvis del heidelbergensis (en amarillo), junto a una humana. Equipo de Investigación de Atapuerca

El equipo arqueológico de Atapuerca halla restos de un humano que vivió hasta una edad avanzada con una minusvalía en la espalda
Vía: Público.es  y Terra Antiqvae.com 
 
Tras años de trabajo, científicos españoles podrían haber descubierto el primer caso de cuidado de los mayores. Un equipo de investigadores de Atapuerca ha conseguido recomponer la pelvis y la mayor parte de la columna de un homínido de hace 500.000 años. Por el análisis de los restos han descubierto que era mayor de 45 años, lo que entonces era pura senectud. También han demostrado que sufría artrosis interespinosa, tenía una joroba lumbar y al menos una vértebra desplazada, lo que, además de serios dolores de espalda, le impediría vivir sin la ayuda de otros.

El grupo de investigadores, formado por paleoantropólogos del centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos de Madrid, recuperó varios restos de homínidos hace años en la Sima de los Huesos, en la sierra de Atapuerca. Tras un minucioso trabajo establecieron que se trataba de una población con más de 500.000 años de antigüedad, lo que la sitúa en pleno periodo geológico del Pleistoceno Medio. El grupo pertenecía al Homo heidelbergensis, especie humana antecesora de los neandertales. Entre los restos hay varios ancianos.

 
Foto: Reconstrucción de la pelvis hallada en Atapuerca

Ahora, los investigadores presentan un exhaustivo trabajo en PNAS con los restos de uno de ellos. "Era de los mayores del grupo, por encima de los 45 años", dice Alejando Bonmatí, uno de los autores del trabajo. Los heidelbergensis, de gran altura y mayor complexión que los Homo sapiens, tenían una biología que les hacía envejecer antes. Además, su estilo de vida basado en la caza y el nomadismo era más duro que el actual, lo que reducía más su esperanza de vida.

Columna atrofiada

De este espécimen ya se estudió a fondo su pelvis, que los científicos bautizaron como Elvis. Ahora han conseguido reconstruir casi toda su columna y relacionar su mal estado con el de la pelvis. Los científicos han comprobado que sufría los achaques propios de la edad: tenía espondilolisis, es decir, una de las vértebras de la zona lumbar estaba desplazada hacia delante, quedando la mitad como suspendida. También tenía una deformidad cifótica, como una joroba en la baja espalda que le hacía estar encorvado. Por último, tras el análisis vertebral, los autores sostienen que tenía la enfermedad de Baastrup, un reumatismo degenerativo de la columna.

"Por lo que hemos visto, debió de ser algo progresivo y tuvo que vivir varios años así, con estas patologías", explica Bonmatí. El dolor ante un cuadro clínico de este tipo debía de ser crónico y es probable que tuviera que ayudarse de un bastón. Pero más importante es que le incapacitaba para unirse al grupo cuando salían de caza. El trabajo sugiere por tanto que el grupo de cazadores al que pertenecía el anciano debió de cuidar de él. "Si no hubiera tenido cuidados, no habría sobrevivido tantos años", añade el investigador. El viejo debía de quedarse en el campamento y realizar otras labores, como la recolección junto a las mujeres del grupo. En apoyo de esta tesis, los investigadores lo comparan con las actuales sociedades primitivas dedicadas a la caza y recolección, donde los hombres, cuando pierden sus habilidades cazadoras, se quedan en el poblado, ayudando a las mujeres en el cuidado de los niños o recolectando.

Foto

 
Aparición del altruismo

La aparición de los cuidados sociales de los menos favorecidos entre los humanos es uno de los aspectos que más han interesado a los científicos. Este mismo equipo ya descubrió también en Atapuerca una niña que nació con una extraña dolencia en el cráneo por la que los huesos de la cabeza se fusionaron antes de tiempo, impidiendo un completo desarrollo del cerebro, lo que debió de provocarle una grave limitación cognitiva a la que no habría sobrevivido sin la ayuda de sus congéneres. Pero la joven vivió hasta los 12 años.

"Son sólo evidencias, pero vamos añadiendo piezas al puzzle del altruismo", opina Bonmatí.

Parir con dolor viene de antiguo

Los científicos han comparado también el conducto pélvico del anciano de la Sima de los Huesos con el de otras pelvis humanas fósiles de sexo femenino de otros yacimientos. Los resultados señalan que las diferencias entre los sexos de los individuos fósiles se asemejan a las existentes entre los hombres y las mujeres actuales.

Este hallazgo permite a los investigadores de Atapuerca sostener la hipótesis de que las mujeres de estos humanos extintos sufrirían también alumbramientos difíciles.

La muerte de César



Via: magazinedigital.com e imperioromano.com

El misterio se ha resuelto: después de años de especulaciones, finalmente se ha identificado el sitio donde murió apuñalado Julio César, en un área arqueológica que pronto se abrirá al público. Y que esconde alguna que otra sorpresa.

El misterio César murió asesinado el 15 de marzo del año 44 antes de Cristo en Roma, mientras acudía a una reunión del Senado. Hasta ahora, este era el único dato cierto sobre los últimos días del jefe supremo de la antigua Roma. Entre las muchas incógnitas sobre su muerte, quedaba abierto un interrogante: ¿dónde falleció exactamente César, tras recibir 23 puñaladas, víctima de un complot que quería derrumbar sus aspiraciones y su proyecto político?

El turista que se pasee por Roma sabe que el magnicidio ocurrió en el área arqueológica de Torre Argentina. Pero el punto preciso ha seguido siendo un misterio, hasta hace muy poco. A lo largo de estos años, las especulaciones y las leyendas han fomentado el enigma. Hubo incluso quien aseguraba que la ubicación coincidía con los bajos de un restaurante de los alrededores; otros rumores apuntaban a que César fue asesinado justo debajo de la calle donde transita un tranvía (entre los romanos se bromea que César murió atropellado…).

Lo de la ubicación puede parecer una anécdota sin importancia. Pero no en el caso de Julio César. Su mito sigue más vivo que nunca. De hecho, hasta hace unos años, turistas y ciudadanos de la capital solían acudir a las excavaciones del Foro Romano, a escasos metros del Coliseo, a depositar flores en el lugar donde su cuerpo fue incinerado y el único sitio acreditado donde reposó, por última vez, el cadáver de César. De ahí que identificar la zona exacta se haya convertido a lo largo de estos años en una búsqueda morbosa de arqueólogos, historiadores y simples turistas. Pero antes de desvelar el descubrimiento, tal vez sea oportuno repasar qué es lo que ocurrió aquellos días febriles hace poco más de 2000 años. Inicien ustedes un viaje a la antigua Roma…

La noche anterior, César cena en casa de amigos. Durante la sobremesa, alguien plantea la pregunta de cuál sería la mejor manera de morir. César contesta que aspira a “un final súbito e inesperado”. La mañana del día 15, su mujer, Calpurnia, tiene un despertar intranquilo tras sufrir pesadillas: ha soñado que se desplomaba el frontón de la casa y se ha visto a sí misma sosteniendo el cuerpo inerte de César. Los malos presagios se suceden: el augur etrusco Espurnia ya le había dicho a César la célebre frase: “Cuida de los idus de marzo”. Ya ha llegado el día.

En el trayecto, el profesor de griego Artemidoro, que conocía el complot, le entrega un manuscrito donde se le anuncia la inminente tragedia, pero, por decisión o falta de oportunidad, a César no le da tiempo de leerlo. Cuando llega a uno de los templos que forman parte del complejo teatral de Pompeyo, a las puertas del Senado, un ciudadano romano se le interpone en el camino suplicándole que solucione un asunto familiar. Al mismo tiempo, uno de los miembros del complot le tira la túnica dejándole la nuca al descubierto. Es la señal: los asesinos le acorralan, y 23 puñaladas le atraviesan el cuerpo. Cuando César ve que su hijo adoptivo Bruto forma parte de la conjura, clama la célebre frase: “Tú también, Bruto, hijo mío”, y entonces deja de defenderse. Cae muerto a los pies de la estatua de Pompeyo, su viejo enemigo.

En el Foro Romano, según el historiador Suetonio, el pueblo de Roma entero asiste a la cremación de su cadáver toda la noche. Tras el asesinato, en la ciudad estallan el caos y la anarquía.
En cuanto a sus asesinos, nadie sobrevivirá más de tres años y nadie fallecerá por causas naturales. Algunos se matarán, como escribió Suetonio, “con el mismo cuchillo con que se habían atrevido a atravesarlo”.

EL LUGAR
Así fueron los hechos. Y ahora, al presente. El visitante que acuda a Roma, tras dejar Piazza Venezia en dirección oeste, encontrará un área arqueológica rectangular situada en Largo di Torre Argentina y formada por restos de cuatro templos, visibles con sus respectivas columnas y poblados por una colonia de gatos salvajes.

Tras hallar vestigios, se decidió parar el proyecto y, a posteriori, fue una suerte: salieron a la luz los restos del antiguo teatro de Pompeyo, sede de la Curia romana, donde tuvo lugar el asesinato de César. Los templos de este lugar se remontan a varias épocas: el más antiguo es de finales del siglo III antes de Cristo. Tras las últimas investigaciones, ahora es posible visitar los cimientos que están en la base del complejo. A la espera de que se abran las puertas oficialmente al turismo, el Magazine pudo comprobar, en una visita privada, que por debajo del terreno hay un entramado de túneles con restos pertenecientes a varias épocas.

Pero, además, los trabajos han dado finalmente respuesta al enigma planteado al principio. Ahora se sabe con exactitud el lugar exacto donde César murió, uno de los sitios más emblemáticos de Roma, donde se escribió una de las páginas que cambiaron la historia de Occidente.

Pues bien, en el lado oeste de esta área, casi rozando el límite con Via di Torre Argentina, incrustada en un terreno de césped verde pálido, se puede ver una pieza de mármol blanco alargada de tamaño rectangular.

Es lo que queda de la base de una letrina pública. En efecto, se estima que en el I siglo d.C. construyó en esta zona esta instalación sanitaria, para que los ciudadanos pudieran realizar ahí sus necesidades. La iniciativa, recuerda Marina Mattei, responsable de las excavaciones arqueológicas, era esencialmente política. Se trataba de impedir el culto a César, para que su nombre no ofuscara a los posteriores gobernantes. ¿Podían los ciudadanos dejar flores o rezar en un lugar que apestaba a excrementos? Evidentemente, no. Ese fue el destino del gran general romano. Quisieron borrar su memoria con una letrina. No lo consiguieron.
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