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abril 10, 2013

Megalenses Ludi

Un día como hoy 10 de abril acababan las Megalenses, con una procesión en honor a varios dioses en torno al Circo Máximo. Después se hacían carreras (tomado de @Antigua_Roma).



El festival Megalesia a Magna Mater comenzaba el 4 de abril, aniversario de la llegada de la gran madre de los dioses a Roma. El 10 de abril, aniversario de la consagración de su templo en el Palatino, su imagen era llevada en procesión hasta el Circo Máximo, donde se realizaban carreras en su honor. La estructura del festival no está claro, pero incluía una procesión pública y la ejecución pública de obras de teatro y otros entretenimientos basados ​​en temas religiosos. El festival incluyó carreras de carros en el Circo Máximo, cuya barrera divisoria central tenía una estatua de Magna Mater sentada a lomos de un león. Fue copiado probablemente de un original griego, la misma aparece en el Altar de Pérgamo.

Altar de Pérgamo, descubierto en 1871 por el ingeniero alemán Carl Humann, transportado y reconstruido en Berlín en 1886.
 
La estatua de Cibeles fue llevada a Roma desde Pesino (204 aC), y el día de su llegada fue solemnizado con una procesión magnífica, lectisternia y juegos, y mucha gente llevó regalos a la diosa en el Capitolio. La celebración habitual del Megalesia, sin embargo, no comenzó sino hasta doce años después (191 aC), cuando se termino de construir el templo que había sido prometido en el año 203 aC, por Marcus Junius Brutus. Sin embargo, parece que ya se celebraba en el 193 aC.

La fiesta se prolongaba durante seis días, a partir del 4 de abril. El ambiente de este festival, como el de todo el mes, estaba lleno de regocijo y festejos. Era habitual que los romanos ricos para esta ocasión se invitarán a comidas formales y los hábitos extravagantes y la buena vida durante estos días festivos se llevaron probablemente a un nivel muy alto. Por esa razón, el Senado emitió un decreto en 161 aC que estipulaba que no se debe ir más allá de un cierto punto de los gastos.

Los juegos que se celebraban en el Megalesia eran puramente escénicos y no circenses. Originalmente se celebraba frente al tempo de la diosa, en en el Palatino, pero después también se celebró en los teatros. El primer juego escénico en Roma fue presentado durante la Megalesia, es decir, ya sea en 193 o 191 aC., según Valerius Antias. El día tercer día del festival fue dedicado especialmente para la realización de las obras escénicas. A los esclavos no se les permitía asistir a los juegos, y los magistrados aparecían vestidos con una toga púrpura y la praetexta, de ahí la procedencia del proverbio, púrpura Megalensis. Los juegos estaban bajo la supervisión de los ediles curules, y se sabe que cuatro de las obras existentes de Terence se realizaron en el Megalesia. Cicerón describe los partidos de la Megalesia como los juegos más rudos y sangrientos del circo, los llamaba "maxime Casti, Solesmes, religiosi".
(tomado y traducido de Wikipedia.org)

File:Cybele Getty Villa 57.AA.19.jpg
Cibeles con sus atributos tradicionales (cuerno de la abundancia, el león y la corona en forma de murallas de la ciudad). El rostro es un retrato individualizado de una mujer romana, probablemente de alto estatus. Mármol romano, ca. 50 dC.




enero 26, 2011

Así predecían en 1931 cómo sería 2011

Tomado de imperioromano.com
 


‘The New York Times’ lanzó en 1931 un reto a varias personas influyentes del mundo de la ciencia, la sociología o la economía: predecir cómo sería el mundo en 2011. Pese a que algunos pecaron de optimistas, sorprende lo bien que nos conocieron hace 80 años.

En su 80 aniversario en septiembre de 1931, el periódico ‘The New York Times’ pidió a destacadas personalidades del mundo de la ciencia, la cultura o la industria, que diesen su visión de cómo creían que sería el mundo en ocho décadas, es decir, en 2011.

Los nombres elegidos para hacer sus predicciones, según abnormaluse, fueron el médico de la Clínica Mayo y co-fundador de WJ Mayo, el famoso industrial Henry Ford, el anatomista y antropólogo Arthur Keith, el físico y Premio Nobel Arthur Compton, el químico Willis R. Whitney, el físico y premio Nobel Robert Millikan, el físico y químico Michael Pupin, y el sociólogo William F. Ogburn.

“Los Estados Unidos alcanzarán los 160 millones de habitantes”, aseguró William F. Ogburn, una cifra algo alejada de la realidad, ya que en el último censo realizado a finales de 2009 contaba con 308 millones, casi el doble de lo que predijo el sociólogo. Sin embargo, teniendo en cuenta la dificultad de lo que se les pedía, hay que reconocer que estos visionarios no lo hicieron del todo mal. De hecho el mismo Ogburn dió en el clavo en varios aspectos relacionados con el ritmo de vida actual.

“El progreso tecnológico, con su ley exponencial de crecimiento, es la clave para el futuro” aseguró el sociólogo, “sin embargo, la heterogeneidad de la cultura material conllevará el nacimiento de lenguajes que sólo los especialistas podrán entender. El paisaje se transformará a causa de la tecnología y disminuirá el número de agricultores”.

El sociólogo también fue capaz de ver aspectos relacionados con la vida familiar ya que aseguró que aunque ésta no se destruiría sí sería menos estable en los primeros años de vida matrimonial con un mayor número de divorcios de los que había en 1931. Asimismo, fue capaz de predecir la emancipación de la mujer, “su vida será más parecida a la de los hombres y pasarán más tiempo fuera del hogar”.  No obstante, el sociólogo fue demasiado optimista en algunos casos ya que aseguró que la pobreza sería eliminada.

Por su parte, el Doctor Mayo  también estuvo muy acertado al afirmar que las enfermedades contagiosas e infecciosas se habrían superado en gran medida y que las principales causas de muerte serían las enfermedades ligadas al corazón, vasos sanguíneos, riñones, enfermedades del sistema nervioso y cáncer. Además predijo que la esperanza media de vida en los EEUU sería de 70 años. El médico no iba tan desencaminado ya que el promedio es de 77,9 años.

El antropólogo Arthur Keith advirtió ya en 1931 de los peligros que podría entrañar un exceso de especialización y para ello ponía un ejemplo: “Hace ochenta años la medicina se dividió entre los tres órdenes de especialistas - médicos, cirujanos y matronas” afirmó el experto al periódico, “ahora hay más de medio centenar de distintas ramas especiales para el tratamiento de enfermedades humanas. Es este aspecto de la vida - su especialización cada vez mayor - que me asusta”.

El empresario Henry Ford, predijo apenas dos años después del crack del 29, que en los siguiente 80 años se iba un producir un “repaso y rediseño” de la “máquina económica no para hacer algo diferente a lo que tenemos, sino para conseguir que la máquina actual haga lo que han dicho que puede hacer”. La observación asusta teniendo en cuenta que 80 años después seguimos sin saber qué teclas hay que tocar para hacer que esa máquina funcione como es debido.

Robert Millikan aseguró que “la difusión del método científico, que ha sido profundamente significativo para la física, está a punto de ser utilizado para solucionar problemas de índole social”.
Por su parte, el científico Michael Pupin se mostró optimista en lo que se refiere a la mejor distribución de los recursos económicos.

“Los grandes inventos que han sentado las bases de nuestras industrias modernas y de la civilización industrial han nacido en los últimos ochenta años. El poder actual para crear riqueza nunca ha sido igualado en la historia de la humanidad pero nos falta todavía la sabiduría necesaria en lo referente a la distribución equitativa de la riqueza que se crea. Por lo que puedo profetizar que durante los próximos 80 años esta civilización corregirá estas deficiencias con la creación de una democracia industrial que garantice a los trabajadores una distribución equitativa de lo producido por su trabajo”.

El último de los “visionarios” fue Compton que predijo que las fronteras nacionales poco a poco dejarían de tener la importancia de 1931 y estuvo acertado al afirmar que China “con sus excelentes recursos naturales” tendría “un papel prominente en los asuntos mundiales”.
 
Las predicciones no están nada mal si tenemos las diferencias culturales, políticas y sociales que existían hace 80 años. Y tú… ¿te atreves a predecir qué pasará en 2091?

mayo 02, 2008

Descubren la corona y el escudo de Alejandro Magno


(tomado de impromano.com)

Arqueólogos griegos y estadounidenses descubren que la tumba que se pensaba que albergaba al padre de Alejandro Magno, es en realidad la de su medio hermano. Esto puede significar que algunos de los artefactos encontrados en la tumba, incluyendo un casco, un escudo y una corona de plata, podrían haber pertenecido originalmente al mismísimo Alejandro Magno. Esto lo creen porque el medio hermano de Alejandro se cree que reclamó toda la parafernalia tras la muerte del conquistador.

La tumba es una de las tres tumbas reales macedonias excavadas en 1977 por arqueólogos que trabajaban en la villa Vergina, al norte de Grecia. Allí los excavadores encontraron una banda de plata para usarse en la cabeza, un casco de hierro, y un escudo ceremonial, junto con una gran cantidad de armas y un objeto identificado como un cetro. En aquel momento lo anunciaron como la tumba de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro que fue asesinado en 336 antes de Cristo. Pero análisis recientes que fueron realizados por Eugene N. Borza, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, demostró que los restos son mucho más recientes de lo que se pensaba.
Borza cree que es de la época de Alejandro, y que los restos arqueológicos son del mismo Alejandro, si bien no es su tumba. La tumba es una caja de piedra simple, que contiene los restos no identificados de un hombre adulto, una mujer joven y un niño recién nacido. La segunda tumba, abovedada y con dos cámaras, contiene los restos de una mujer joven y de un hombre maduro. La tercera, con dos cámaras abovedadas, contenía los restos humanos de un adolescente que se cree que sería un hombre.

Las dos tumbas más grandes tienen ornamentos de oro, de plata, de marfil, así como vasos de cerámica y metal.
Borza se contactó con Olga Palagia, historiadora del arte de la Universidad de Atenas, para evaluar las cerámicas y pinturas de las tumbas. Al poco tiempo se dieron cuenta del hecho de que las tumbas 2 y 3 fueron hechas con un estilo de cielorraso curvado llamado bóvedas tipo barril. “La fecha más temprana para una bóbeda barril en Grecia data de fines del 320 antes de Cristo, casi una generación luego de la muerte de Filipo II”, dijo Borza. Palagia también descubrió que las pinturas en el friso exterior de la tumba reflejan temas que eran más típicos de la época de Alejandro Magno que de la de su padre.

El cetro de dos metros encontrado en una de las tumbas es otra pista, dice Borza. “Tenemos muchas monedas acuñadas en vida de Alejandro, que lo muestran a él sosteniendo un cetro muy parecido”, agregó. Y como si fuere poco los vasos encontrados también tienen un peso que se condice con el sistema de medidas que instauró Alejandro durante su reinado.

Una vez determinado que la tumba no es de Filipo y que es una generación posterior a su muerte, entonces ya se puede realizar la pregunta de a quién pertenece. En los textos antiguos se pudo encontrar un doble entierro, así que pudieron identificar que la tumba pertenece a Filipo III Arrideo y a su reina Eurídice. La tercera tumba creen que puede ser de Alejandro IV, el hijo de Alejandro Magno, que reinó junto con Arrideo hasta que fue asesinado cerca del 310 antes de Cristo, ya que coincide con la edad atribuida a los restos y es el único adolescente mecedonio de la familia real que se sepa que fue enterrado. La tumba 1 si es antigua, así que esa podría ser la de Filipo II, ya que también tiene a una mujer, su esposa, y a un niño.

marzo 25, 2008

La ciudad de Alejandría desapareció bajo el mar víctima de su propia grandeza

La llamada Ciudad de los Mil Palacios, fundada por Alejandro Magno, y otras legendarias ciudades de la región canópica de Egipto se hundieron en el agua y el fango porque el suelo no soportó el enorme peso de los suntuosos templos y edificios de aquél momento, incluyendo el Palacio de Cleopatra, situado en el mítico Portus Magnus de Alejandría, el mayor instrumento de poder que había en el mundo en aquél momento.

Así lo explicó a elmundo.es el arqueólogo submarino Franck Goddio, descubridor de estas ciudades sumergidas en la Bahía de Abukir, en el norte de Egipto. Franck Goddio, que desde 1992 dirige los trabajos arqueológicos de ciudades sumergidas como Canopo, Heraclion y Alejandría, llegó a España para preparar la llegada a Madrid de más de 500 piezas arqueológicas recuperadas en estos últimos 15 años por su equipo de la Bahía de Abukir, y que se exhibirán, a partir del 16 de abril, en la exposición ‘Tesoros sumergidos de Egipto’, que acogerá el Matadero Legazpi Madrid.

El arqueólogo submarino explicó en una entrevista concedida al periódico que antes de que los desastres naturales (maremotos y ‘tsunamis’) cambiaran el perfil de las costas del Norte de Egipto, allá por el año 303 a.C. las ciudades que se localizaban en esta región africana fueron víctimas del llamado «fenómeno de liquefacción» y los enormes y pesados templos y palacios provocaron que el suelo se abriera y se los tragara literalmente. «El lodo del Nilo está compuesto por cristales que, a su vez, contienen agua dentro. Si se ejerce una presión muy grande sobre esta superficie, los cristales se juntan y dejan escapar esa agua que, en una fracción de segundos, es evacuada provocando que la tierra pierda entre el 50 y 60% de su volumen, por lo que todo lo que esté construido sobre este suelo se viene abajo», indicó Goddio.

Los palacios y templos que han encontrado Goddio y sus submarinistas en las oscuras y contaminadas aguas de la Bahía de Abukir son los más grandes que se construyeron nunca en Egipto. «Eran obras colosales. El peso de estos edificios y el desplazamiento del agua hicieron que ciudades como Heraclion, Canopo y el Portus Magnus de Alejandría se hundieran. La monumentalidad de estas construcciones fueron la causa de su hundimiento», señaló el célebre arqueólogo francés.

En cuanto a otro de los mitos de estas ciudades, el fabuloso Faro de Alejandría, y que el equipo de Goddio ha buscado sin descanso en estos últimos 15 años, el arqueólogo francés ha llegado a la conclusión de que lo único que queda de esta construcción es el mito. «Ya no buscamos el faro. Hemos parado las prospecciones geofísicas, ya que los restos del faro no están bajo estas agua, ni en ningún otro sitio», explicó. Goddio está convencido de que el legendario faro de más de 150 metros de altura del que habla la historia, fue destruido en varias ocasiones antes de que se cayera por última vez. «El faro que se cayó en el siglo XIV no tiene nada que ver con el que veía la reina Cleopatra desde su palacio».

Franck Goddio es una celebridad en el mundo de la arqueología. En 1984, casi de la noche a la mañana este elegante caballero francés pasó de ser el asesor de presidentes de gobierno a cuenta de la ONU, a convertirse en el Indiana Jones de la arqueología subacuática. Tras descubrir importantes e históricos pecios en varios lugares del mundo, como el galeón San Diego en aguas de Filipinas, en 1992, el Gobierno egipcio le encomendó la misión de encontrar los restos de la ciudad sumergida de Alejandría. Desde entonces, junto a un equipo de expertos buceadores, ingenieros y arqueólogos, ha conseguido rescatar del fango del Nilo más de 18.000 objetos, algunos de ellos de incalculable valor.

«No se puede señalar a una de estas piezas como la más valiosa, ya que todas son muy importantes para la historia, el arte o la arqueología, como la estatua de la reina Arsinoe II, que es una de las pieza artísticas más importantes del mundo. También hemos encontrado una estela negra, intacta, en la ciudad de Heraclion, que resuelve un antiguo enigma de hace más de 2000 años y demuestra que las míticas ciudades de Tonis y Heraclion eran la misma cosa: Tonis es el nombre en egipcio y Heraclion, en griego», indicó.
(Tomado de imperioromano.com)

febrero 29, 2008

Cayo Julio César, a la conquista del mundo

(Tomado de imperioromano.com)
La ambición sin límites del líder romano le hizo desarrollar una intensa vida política y personal, así como amorosa. Excelente estratega y soldado, gran político o seductor empedernido. Mil caras de Cesar en una. Cayo Julio César nació el 13 de Quintilis (Julio) del 653 desde la fundación de Roma (100 a.C.) en el seno de una familia noble con pocos recursos económicos.

A los 16 años consiguió su primer nombramiento eclesiástico como flamen dialis o sacerdote de Júpiter, pero renunció a él porque le cerraba las puertas de la política. En su juventud, de regreso de un viaje a Rodas, es secuestrado por una banda de piratas, a los que se enfrenta para que pidan por él una cantidad de acuerdo a su dignidad. Los piratas exigen 50 talentos amenazando con crucificarle si no obtienen el dinero. Al ser liberado, César juró a los piratas que volvería para crucificarlos. Tras no conseguir justicia de la administración romana, reclutó a una flota con la que regresó al lugar de su presidio a cumplir su promesa. Desde entonces, a toda Roma le quedó claro que los deseos de César siempre acababan cumpliéndose.

También demostró su enorme personalidad cuando el tirano Sila le ordenó separarse de su esposa Cornelia, al contestar al mensajero encargado de transmitir el mensaje: “Dile a tu amo que en César sólo manda César”.

Para medrar políticamente se alistó en el ejército desplazado a Asia. Tras varias condecoraciones, consiguió el derecho a participar en el Senado. Su preocupación por la población romana le granjeó la desconfianza de las familias aristocráticas. Poco a poco fue subiendo en el escalafón y adquiriendo cargos que acentuaban su dignidad hasta que, en el año 59 a.C., alcanzó el consulado con el apoyo de Craso y Pompeyo. Entre los tres desarrollaron el Primer Triunvirato y dividieron el territorio en tres zonas.

A César le correspondió la Galia, donde inició una campaña de ocho años de duración que le llevó a pacificar todo el territorio entre el Rin y el Canal de la Mancha. Sin embargo, sus éxitos militares siguieron provocando la envidia de la aristocracia romana, a la que se unió Pompeyo tras la muerte de Craso. Esta situación provocó la destitución de César en el mando de la Galia, por lo que el 13 de enero del 49 a.C. sus tropas cruzan el Rubicón para conquistar Roma al grito de: “¡O César o nada!”, haciéndose con el poder.

En el ámbito privado, también fue un gran conquistador, tal como demuestra Adrian Goldsworthy en su biografía César (La Esfera de los Libros). Su romance con Servilia, madre de Bruto, será de los más permanentes en el tiempo. Pese a los rumores existentes, parece ser que César no fue su padre biológico. Su amante más famosa fue Cleopatra, la reina de Egipto, con quien tuvo un hijo que no fue reconocido formalmente.
Incluso las mujeres de sus socios políticos, Craso y Pompeyo, cayeron en sus brazos. También es probable que tuviera encuentros homosexuales. Entre las tropas romanas estaba muy extendida la historia de su relación con el viejo rey de Bitinia, Nicomedes, lo que hizo que sus oponentes le apodaran la reina de Bitinia. Al menos en una ocasión, ocupó el papel de marido engañado. En el año 63, en una ceremonia religiosa celebrada en su casa, un senador entró disfrazado para visitar a su segunda esposa, Pompeya. César se negó a testificar en el juicio contra el senador, ganando un aliado político, pero se divorció de su esposa.

En la mayor parte de las ocasiones, César obtuvo una alta rentabilidad política a su vida amorosa, pero se franqueó no pocas enemistades. Pese a ser nombrado “dictador perpetuo” sólo logró mantenerse en el poder hasta el año 44 a.C. cuando una conspiración urdida por sus enemigos acabó con su espléndida carrera y con su vida.
Via: publico.es

febrero 23, 2008




De Babilonia a Alejandría, pasando por Macedonia, Menfis y Siwa, Nicholas J. Saunders persigue en un libro los testimonios y las leyendas sobre el cuerpo y el sepulcro perdidos de Alejandro Magno. Viaje a uno de los grandes enigmas de la arqueología.
Dónde está Alejandro? ¿Bajo la cripta de la mezquita de Nabi Daniel en Alejandría? ¿Oculto entre las millares de momias doradas del oasis de Bahariya? ¿Desmenuzado en mil reliquias y amuletos de la tardoantigüedad? Se ignora el paradero del cuerpo y la tumba del que fuera el mayor conquistador del mundo. Desde que murió y fue embalsamado en Babilonia en el 323 antes de Cristo hasta que en 2002 un extravagante experto aeroespacial, Andrew Chugg, propuso que Alejandro yacía bajo el altar mayor de la basílica de San Marcos en Venecia, pasando por 1995, cuando la dudosa arqueóloga griega Liana Souvaltzi anunciara el hallazgo de su sepulcro en el oasis de Siwa -no era verdad: fue una de las grandes decepciones de la arqueología-, la historia de los restos del rey macedonio y el monumento destinado a contenerlos, el Soma, está envuelta en maravilla, misterio y leyenda. Incluso Hamlet especuló sobre el tema.
Ahora, un libro, Alejandro Magno. El destino final de un héroe, de Nicholas J. Saunders, profesor de antropología del University College de Londres (Zenith/Planeta), documenta por primera vez todas las teorías y búsquedas del emplazamiento de la tumba del personaje y de sus restos -los considera el verdadero “grial” de la arqueología-, componiendo un recorrido por la historia, el mito y la geografía realmente apasionante.
En la aventura de la búsqueda, digna de Indiana Jones, han figurado arqueólogos notables, incluso Schliemann, el descubridor de Troya (al que no le dieron permiso para excavar bajo la mezquita de Nabi Daniel), y Howard Carter, el que halló la tumba de Tutankamón, que presumió ante Farouk de que sabía el paradero de la del rey macedonio. Y también, en gran cantidad, impostores, visionarios y locos pintorescos ("los tontos de Alejandro"). Entre estos últimos, el camarero griego Stelios Koumatsos, que a lo largo de treinta años, desde 1950, se las apañó para excavar por toda Alejandría, a menudo clandestinamente, y dijo haber entrevisto en un pasadizo subterráneo, por un agujero, un ataúd de cristal con el nombre de Alejandro. Emulaba así a ilustres y no menos estrafalarios predecesores como Alexéi Ramonsky, funcionario de la Embajada rusa de Alejandría, que aseguró en 1898 haberse topado en las bóvedas bajo la mezquita de Nabi Daniel con un bloque de alabastro negro que aguantaba una polvorienta urna de cristal dentro de la que había una figura momificada sentada en un trono. En 1979 se registró incluso una expedición de videntes a Alejandría en busca del paradero de Alejandro

De hecho, lo que se sabe históricamente sobre el cuerpo de Alejandro es que tras su momificación en Babilonia fue enviado en un gran carro ceremonial hacia Macedonia. En el camino el regio cargamento fue interceptado por Ptolomeo, uno de sus generales, que se había apropiado de Egipto, y llevado al país del Nilo como un valioso instrumento simbólico de legitimación. Ptolomeo, recapitula Saunders, instaló el cuerpo en Menfis mientras le preparaba una tumba a su altura en Alejandría, la gran capital que debía potenciar Alejandro con su presencia post mortem. De la morada funeraria que Alejandro tuvo en Menfis, durante unos veinte años, no se sabe absolutamente nada. Así que ahí hay un primer enigma arqueológico: es posible que estuviera en el área de Saqqara, quizá en conexión con el Serapeum. El momento exacto del traslado del cuerpo de Alejandro a Alejandría en su sarcófago de oro no está claro. Saunders especula con que pudo haber sido el hijo y sucesor de Ptolomeo, Filadelfo, quien se encargara de ello. En el 274 antes de Cristo, Alejandro ya estaba en Alejandría. Su estancia allí duraría siglos, casi toda la antigüedad, y lo más seguro es que el rey (o lo que quede de él) siga aún en la ciudad. Pero parece ser que no estuvo siempre en el mismo lugar de la metrópolis. Saunders apunta que hubo otro traslado urbano, desde una primera tumba, solitaria, a otra más monumental que estaría en conexión con las de los reyes de la dinastía ptolemaica que se enterrarían en la misma área del mausoleo de Alejandro. El historiador Estrabón, que visitó la ciudad en el 30 antes de Cristo, señala que el Soma, “que tiene un recinto donde están las tumbas de los reyes y la de Alejandro”, estaba en el distrito de los Palacios reales, al norte de la ciudad. “Ésta era”, apunta Saunders, “la segunda y la más famosa de las tumbas de Alejandro Magno en Alejandría”.
Hoy esa zona corresponde al promontorio Silsileh, pero una parte del área antigua quedó bajo el agua con la elevación del nivel del mar y otra fue arrasada en el siglo XIX al construirse el malecón, la Corniche alejandrina. Ni de la primera tumba ni del gran mausoleo definitivo de Alejandro, que debió ser espectacular, se ha encontrado -aquí hemos de añadir un esperanzado “aún”- ningún resto. Tampoco ha quedado, y esto es muy extraño, representación alguna. Así que, aunque Saunders rastrea cómo pudo ser la tumba, la verdad es que no tenemos ni idea de su aspecto, todo son especulaciones.
La tumba de Alejandro fue uno de los lugares más célebres de la antigüedad, un punto caliente del turismo grecorromano, y, entre el 300 antes de Cristo y el 400 de nuestra era, la visitaron todos los famosos de la época. Sabemos que entre ellos se contaron Julio César y Octavio Augusto, que le colocó una corona de oro a la momia del conquistador -y le rompió la nariz accidentalmente al besarla: siempre se pone uno nervioso al besar a una momia-. El rey por lo visto ya no descansaba en su sarcófago original de oro, sustituido por Ptolomeo X por otro más baratito de alabastro o cristal de roca. Tampoco poseía sus ornamentos áureos, de los que lo había despojado Cleopatra para reclutar más tropas tras la derrota de Actium. Visitantes posteriores fueron Calígula, que le quitó la coraza a Alejandro y seguramente a Adriano. Septimio Severo hizo cerrar a inicios del siglo III la tumba, que por entonces parece que estaba en conexión con algunos rituales secretos preocupantes.
Las luchas entre paganos y cristianos que devastaron Alejandría entierran definitivamente el Soma en la oscuridad del olvido y la rumorología. Saunders ofrece la muy sugerente teoría de que la tumba de Jesucristo en Jerusalén, hallada en el siglo IV, fue un oportuno contrapeso a la de Alejandro, símbolo del paganismo.
Restos de cualquiera de las tumbas de Alejandro, incluida la más importante, el Soma, perdida en el palimsesto que es Alejandría, pueden aparecer cualquier día. No hay que hacerse muchas ilusiones acerca de su estado. La momia, más frágil, lo tiene aún peor. Puede haber sido escondida por paganos en algún lugar secreto o haber sido destruida en cualquiera de las violentas vicisitudes -humanas y geográficas- de Alejandría . Saunders propone que pudo tener un final digno del cosmopolita Alejandro: troceada y convertida en millares de amuletos desperdigados por todo el ancho mundo que una vez el joven y heroico macedonio conquistó.
Via: elpais.com
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