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julio 16, 2008

Cambio Climático y Hambre

(tomado de Rebelión.org)
El ritual de la cumbre del G8, celebrada de 7 al 9 de julio en Hokkaido (Japón), ha dejado pocas novedades. Frente a la situación de hambruna y de avance del calentamiento global, los líderes de las principales potencias se han limitado a promover las mismas políticas que han conducido a la situación de crisis. La agenda de la cumbre venía marcada por tres temas de primer orden: economía mundial (aumento de los precios del petróleo y de los alimentos), cambio climático y desarrollo en África, principalmente. El tema de la deuda, una cuestión clave en pasadas ediciones ha quedado relegada al anonimato pese a seguir siendo una de las principales causas de empobrecimiento de los países del Sur. Las crisis económica, energética, alimentaria y ambiental han marcado la agenda en Japón.
Crisis alimentaria.
A lo largo del 2008, hemos visto sucesivas revueltas en los países del Sur porque la gente no tenía acceso a los alimentos. El aumento exponencial del precio de estos, los ha convertido en inaccesibles para amplias capas de la población en África, América Latina y Asia que no tienen suficientes recursos para comprarlos, a pesar de que en la actualidad se produce más comida que nunca antes en la historia. El resultado: se calcula que hoy unos 950 millones de personas en todo el mundo pasan hambre.
Frente a esta situación, los líderes del G8 han instado a una mayor liberalización del comercio y han reprendido a aquellos países que están priorizando el consumo autóctono y reduciendo las exportaciones. Vietnam, India, Argentina, Filipinas, Costa de Marfil, Tanzania... han prohibido la exportación de arroz, trigo u otros alimentos para poder así atender las necesidades alimenticias de sus pueblos. De hecho, las medidas que promueven los líderes mundiales son, precisamente, las mismas que nos han conducido a la situación de hambruna: apertura indiscriminada de los mercados, intensificación y sobre producción agrícola destinada a la exportación, subvenciones a la industria agroalimentaria, etc.
Calentamiento global.
En relación al cambio climático, se ha firmado un nuevo acuerdo en el que los miembros del G8 se comprometen a trabajar para reducir a la mitad sus emisiones de CO2 (el principal causante del calentamiento global) para el año 2050. Pero, ¿nuestro planeta puede esperar hasta esta fecha? Y, ¿qué credibilidad nos merece este comunicado cuando no se ha precisado el año base para el cálculo de las reducciones y ni siquiera Estados Unidos ha suscrito el protocolo de Kyoto? No podemos olvidar que la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de estos países.
Para acabar con el cambio climático, el G8 ha puesto al Banco Mundial al frente de esta empresa otorgándole un papel preeminente en la financiación e inversión en tecnologías y desarrollo “limpio”. Como afirmaban desde Amigos de la Tierra, parece ser que “el zorro cuidará del gallinero”. El Banco Mundial es uno de los principales acreedores de las industrias de combustibles fósiles, financiando extracción petrolera, de carbón, gas... con un fuerte impacto ambiental y social en los países del Sur. Además, las principales compañías beneficiarias de estas inversiones tienen su sede central en los países del G8.
Palabras vacías y soluciones reales.
Como viene siendo habitual en estas cumbres, en Hokkaido, los líderes de los países más ricos del mundo se han limitado a pronunciar declaraciones de buenas intenciones vacías de contenido y a realizar gestos de impacto mediático. Los compromisos reales parecieran no tener cabida en una cumbre donde priman los eslóganes y las fotografías de familia. Ya en el año 1999, en Colonia, el G8 se comprometió a anular el 90% de la deuda bilateral y multilateral de los 42 países más endeudados del planeta. Pero las cifras reales, setenta mil millones de dólares, equivalían tan solo a un 3% de la deuda total de los países del Sur. Sin ir más lejos, en la cumbre de Gleneagles, en el 2005, los jefes de estado aseguraron aumentar la ayuda para África hasta 50 mil millones de dólares para el 2010. Según informes recientes, se calcula que esta cifra difícilmente se va alcanzar. Podríamos poner otros ejemplos, porque el ritual se repite año tras año. Las declaraciones bienintencionadas acaban siempre en papel mojado.
Los movimientos sociales que han salido a la calle en motivo de la cumbre, como Jubileo Sur, el Comité por la Abolición de la Deuda Externa, Vía Campesina... lo han dejado bien claro al afirmar que la solución pasa porque se prohíba la especulación en los precios de los alimentos, se respeten los esfuerzos de los países del Sur por revertir las políticas que han conducido a la situación de crisis, se deje de financiar proyectos que contribuyen al cambio climático y se cancelen, de una vez por todas, las deudas ilegítimas. Los gobiernos del G8 tienen en su mano la posibilidad del cambio, por algo se encuentran al frente de las principales potencias políticas, económicas y militares a escala global. Pero, como decíamos anteriormente, se encuentran faltados de voluntad política. Evidentemente, quien sale ganando nunca renunciará a la gallina de los huevos de oro.
*Esther Vivas

marzo 24, 2008

Biocombustibles en la mira

El principal asesor científico del gobierno británico en temas de medio ambiente, Robert Watson, pidió que se demore la adopción de una política destinada a incluir biocombustibles en los combustibles que se venden en todas las estaciones de gasolina del Reino Unido. Watson dijo que los ministros deberían esperar hasta que se tengan los resultados de una investigación que se realiza sobre la sostenibilidad de los biocombustibles.

Algunos científicos consideran que, en la actualidad, los efectos negativos de la producción de biocombustibles pueden ser mayores que los beneficios que éstos pueden aportar en términos de la reducción de las emisiones de dióxido de carbono que contribuyen al calentamiento global. La política, denominada Obligación de Combustibles Renovables de Transporte (RTFO, por sus siglas en inglés), requiere que se introduzca un 2,5% de biocombustibles en las estaciones de gasolina a partir del 1 de abril. Watson advirtió que sería una locura que, como resultado, el efecto de la RTFO fuera el contrario de lo planeado. El académico dijo que la política sobre biocombustibles en el Reino Unido y el resto de la Unión Europea (UE) parece haberse adelantado a la ciencia.

Watson emitió sus comentarios en una entrevista con la BBC el mismo día en que una coalición de grupos de presión, que incluye a organizaciones no gubernamentales como Oxfam y Greenpeace, le solicitó por escrito al Departamento de Transporte británico que posponga la adopción de la política hasta que se conozcan los resultados de la investigación en curso.

Sostenibilidad
Watson, quien no asesora directamente al Departamento de Transporte sino al de Medio Ambiente, dijo que no lo habían consultado sobre la sostenibilidad de los biocombustibles, a pesar de ser el principal consejero del gobierno en temas medioambientales. Hace poco el gobierno británico introdujo incentivos fiscales a los dueños de autos no contaminantes. El Departamento de Transporte se ha visto presionado por una política de la UE que exige la inclusión de un 5% de biocombustibles en los combustibles para transporte antes de 2010, con el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono.

El comisionado de la UE para el medio ambiente, Stavros Dimas, le dijo a la BBC recientemente que esa meta sólo se cumplirá si se demuestra que los biocombustibles se pueden producir de una forma sostenible. En estos momentos es prácticamente imposible determinar si los biocombustibles son realmente sostenibles ya que una vez que se incorporan al mercado mundial no se puede establecer su origen. Sin embargo, algunos científicos señalan que determinados biocombustibles, en especial el etanol fabricado a partir de la caña de azúcar, se deberían considerar como sostenibles.

Preocupación

Otros especialistas temen el impacto que podrían tener los biocombustibles en los precios de los alimentos. Además, algunos estudios recientes de científicos estadounidenses plantean que las emisiones resultantes de la liberación de dióxido de carbono durante el arado de suelos vírgenes con frecuencia son mayores que los beneficios potenciales de los biocombustibles cultivados en ellos.

El catedrático Watson le dijo a la BBC que algunos de los cálculos sobre los suelos son controvertidos, pero señaló que la pérdida de carbono durante el arado puede ser realmente preocupante. En su opinión, el Reino Unido ya se ha establecido como líder en la exploración de la sostenibilidad de los biocombustibles.

En Estados Unidos, por el contrario, se han establecido metas numéricas para la adopción de biocombustibles sin considerar su impacto en cuanto al dióxido de carbono. No obstante, muchos se preguntarán por qué se les permitió durante tanto tiempo a los especialistas que promueven los biocombustibles en la UE que lo hicieran sin tomar en consideración las opiniones de los científicos que estudian los suelos y de otros expertos en agricultura.
(Tomado de BBC.com)
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