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noviembre 10, 2015

Los Consejos


Son numerosas las personas que dan consejos, pero escasas son las que los reciben con reconocimiento, y todavía más raros los que los siguen. Después de los 30 años, el hombre se vuelve, por lo general, impermeable a los consejos. Cuando los consejos ya no le alcanzan se vuelve rápidamente fatuo y egoísta. Añade, para el resto de sus días la impudencia a la estupidez, lo que irremediablemente causará su pérdida. Es por ello que es indispensable descubrir a alguien capaz de discernir, ligándose fuertemente a él para recibir su enseñanza.

Un Samurai que no concede ningún interés a la riqueza y al honor, acaba habitualmente por volverse insignificante y envidioso. Este hombre es a la vez vano e inútil, acaba por revelarse inferior a aquel mismo cuyos únicos móviles son la ambición, el dinero y la fama. No es de ninguna utilidad inmediata.

Hasta la edad de cuarenta años un Samurai debe vigilar de no dejarse seducir por la sabiduría y el sentido del juicio. Debe depender únicamente de sus capacidades y de su fuerza de carácter. Cuanto mayor sea esta última, mejor será el samurai. Aun habiendo superado los 40 años, pero esto depende del individuo y de su posición social, un Samurai no es nada si no tiene fuerza de carácter.

octubre 09, 2013

Auto-perfección


Si deseáis perfeccionaros, la mejor manera de hacer es solicitar la opinión de los otros y buscar sus críticas. La mayor parte de las personas intentan perfeccionarse fiándose en su sola facultad de apreciación. El único resultado que consiguen es que no hacen progresos significativos... Los hombres que buscan las críticas de los demás son ya superiores a ellos. La primera palabra pronunciada por un Samurai, en cualquier circunstancia, es extremadamente importante. Revela por esta palabra todo su valor. En tiempos de paz, el lenguaje firma el valor. Pero, del mismo modo, en tiempos de disturbios y destrucción, la gran bravura puede revelarse por una única palabra. Se puede decir entonces que esta palabra única es la flor del alma. 

Un Samurai debe siempre evitar quejarse, incluso en la vida corriente. Debe estar en guardia para no dejar escapar jamás una palabra que demuestre su debilidad. Una indicación anodina hecha por inadvertencia indica frecuentemente el valor del que la ha hecho.

Un hombre cuya reputación está basada sobre su habilidad para una técnica precisa es insignificante. Concentrando toda su energía en un solo objeto, se ha vuelto desde luego excelente pero se ha abstenido de interesarse en otras cosas. Un hombre así no es de ninguna utilidad

septiembre 25, 2013

Levantaos a la Octava


Es el colmo de la locura para un Samurai perder el control de sí mismo si por desgracia queda reducido al estado de ronin o se encuentra enfrentado a algún revés de fortuna del mismo tipo. En el tiempo del Señor Katsushige, los Samurais tenían una divisa favorita: "Si no habéis sido ronin siete veces, no podréis reivindicar efectivamente el título verdadero de Samurai. Tropezad y caed siete veces, pero levantaos a la octava." Manifiestamente, Hyogo Naritomi había sido, según se dice, siete veces ronin. Un Samurai al servicio de un daimio debe ser como un tentetieso que se levanta cada vez que uno lo inclina. En verdad, sería una excelente idea para el Daimyo devolver a sus discípulos la libertad para someter a prueba su fuerza espiritual. 

El Trato a los Subordinados.
En un poema a la gloria de Yoshitune, se dice: "Un general debe dirigirse frecuentemente a sus soldados." Las personas que sirven a un amo estarán tanto más dispuestas a consagrar su vida a su servicio cuando su amo le alabe en circunstancias excepcionales, así como en la vida corriente, del tipo: "Me habéis servido muy bien." "Debéis ser muy cuidadoso con esto o lo otro." "Ahora tengo un servidor de primera clase." Estos comentarios atentos son de una gran importancia.

septiembre 24, 2013

El Orgullo

Kanji para la palabra Orgullo

El que tiene pocos conocimientos se vuelve rápidamente pretencioso y se deleita en la idea de ser considerado como un hombre competente. Los que se enorgullecen de sus talentos y se estiman superiores a sus contemporáneos serán inevitablemente castigados por alguna manifestación del Cielo. Un hombre que no sepa hacerse apreciar de los otros no será de utilidad a nadie a pesar de su alta competencia. El que trabaja arduamente y sabe permanecer modesto; el que se alegra de la posición subordinada que ocupa al mismo tiempo que respeta a sus iguales, será altamente estimado.


enero 17, 2011

Hagakure 葉隠

El Hagakure (葉隠, "a la sombra de las hojas" o "escondido en la vegetación") es una obra literaria japonesa dictada por Yamamoto Tsunetomo a uno de sus aprendices entre 1710 y 1717, inspirada en el célebre código Bushidō. 

Portada del Hagakure en su versión argentina.

En los años de Tsunetomo muchos bushi despreciaban las viejas usanzas de los de su clase y se enriquecían con ardides considerados innobles por las personas civilizadas del Japón de la era Tokugawa, como el comercio (en aquella época los comerciantes eran el último eslabón de la pirámide social en Japón). Esto le movió a escribir este libro en el que se describe por primera vez el bushidō, es decir el código guerrero de los samurái.
Nos expone la vía del guerrero, cuyos preceptos filosóficos y ética trascendental presentan al Bushi. Bushido es la aceptación total de la vida, vivir incluso cuando ya no tenemos deseos de vivir. Esto se logra sabiendo morir en cada instante de nuestra vida, viviendo el instante, el aquí y ahora, sumido en el eterno presente, en vez de abandonar el campo de batalla cotidiano. Para el Samurai, la vida es un desafío, y la muerte es preferible a una vida indigna o impura. Esta es la noble y espectacular lección del Hagakure. Mantenido en secreto durante siglos, el Hagakure fue el libro de cabecera de Yukio Mishima.

He descubierto que la vía del Samurai reside en la muerte. Durante una crisis, cuando existen tantas posibilidades de vida como de muerte, debemos escoger la muerte. No hay en ello nada difícil; sólo hay que armarse de valentía y actuar. Algunos dicen que morir sin haber acabado su misión es morir en vano. Este razonamiento es el que sostienen los mercaderes hinchados de orgullo que merodean por Osaka; no es más
que un razonamiento sofisticado a la vez que una imitación caricaturesca de la ética de los Samurais.


Hacer una elección juiciosa en una situación donde las posibilidades de vivir o de morir se equilibran, es casi imposible. Todos preferimos vivir y es muy natural que el ser humano encuentre siempre buenas razones para continuar viviendo. El que escoge vivir habiendo fracasado en su empeño, será despreciado y será a la vez un cobarde y un fracasado. El que muere después de haber fracasado, muere de una muerte fanática, que puede parecer inútil. Pero en cambio, no será deshonrado. Tal es la vía del Samurai. Para ser un Samurai perfecto es necesario prepararse a la muerte mañana y tarde e incluso durante todo el día. Cuando un Samurai está constantemente dispuesto a morir, ha alcanzado la maestría de la Vía y puede dedicar, sin cesar, la vida entera al servicio de su señor.
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